Albert Meister: Beaubourg. Una utopía subterránea

Título original: La soi-distant utopie du centre Beaubourg
Idioma original: Francés
Año: 1976 / 2014 (primera edición en castellano)
Editorial: Enclave de Libros
Género: Inclasificable
Valoración: Muy recomendable
¿Qué pensaríais si os dijera que, bajo un espacio cultural tan importante como el Centro Georges Pompidou de París, se esconde otro “edificio” (por llamarlo de alguna manera) también dedicado a la creación artística; un mundo subterráneo superpuesto (¿o debería decir subpuesto?) al oficial, con al menos 84 plantas que se introducen en lo profundo?
¿Qué me diríais si os asegurase que el centro subterráneo se coordina horizontalmente, sin jefes ni otros elementos que destaquen, sin dinero ni propiedades? Una sociedad que rechaza las etiquetas, la planificación, la racionalización, la división. Un lugar donde el único vínculo que se desea tener con el exterior es el ánimo de romper con él y sus costumbres.
El Beaubourg, alternativa y némesis para el centro de arte de la superficie, es una comunidad de arte libre que ha encontrado que la mejor forma de luchar contra el sistema es, simplemente, pasar de él:
El error, el autoengaño de los que luchan contra el Sistema es el de querer enfrentarse a él, […] ya que de ese modo se quedan pegados a él, aplastados. La única manera de rechazar el Sistema es negarlo, ignorarlo. No contra él, sino junto a él, creando un universo paralelo, el continuum espacio-temporal paralelo de la ciencia ficción.
¿Y qué pensaríais si os contase que tuvo su pistoletazo de salida el 15 de diciembre de 1976, a la misma vez que el centro Pompidou oficial, y que en el periodo de sus diez primeros años fue capaz de generar en silencio cambios reales y sensibles en la sociedad, la economía y la política de Francia, así como de una buena parte de Europa?Tremendo, ¿verdad? Tal vez demasiado como para existir fuera de la mente del brillante sociólogo suizo Albert Meister. Porque, muy lamentablemente, la utopía del Beaubourg es un experimento que se ha quedado en el plano teórico de la ficción. La anarquía, ya saben, es una de esas muchas ideas que, junto al comunismo, el socialismo, o la democracia, nunca han sido llevadas a la práctica.A lo largo de sus 296 páginas (no es fácil contarlas, ya que el autor decide a mitad de libro dejar de numerarlas por ser esto una “espantosa e inútil práctica que sólo sirve a los maníaticos de la lectura rápida”), vamos viendo los progresos, los problemas iniciales, las soluciones, las dudas, los éxitos y los fracasos de esta singular comuna. Está escrito con un lenguaje presto y desenfadado, repleto de argot, directo, crítico (a veces hiriente con los que conoce como anquilosados, integrados, ocupados, neurotizados, moribundos, etc, que somos nosotros mismos vistos por sus ojos), y con un sentido del humor tirando a negro.
Está clara la trampa: no se puede ser revolucionario unas horas al día, entre la salida de la fábrica o de la facultad y la hora de irse a la cama […] La revolución no es un chorizo que se pueda cortar en rodajas, la Revolución, tu revolución, hazla empezando por comer distinto, por follar distinto, por alojarte distinto, por reirte distinto.
Tanto si os gusta la sociología (incluso, podría decirse, la antropología), como si lo último que leísteis sobre utopías fue a Tomás Moró y queréis más, tenéis una lectura obligada en Beaubourg. 
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