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Ana González Duque: Leyendas de la Tierra Límite

Título completo: Leyendas de la Tierra Límite I. Las Tierras Blancas
Año: 2014
Editorial: Autopublicado
Género: Novela
Valoración: Mejor no

Hasta hace unos años, la fantasía era un género menor, relegado al interés de los estratos más frikis, que, si bien eran leales como pocos, tampoco eran demasiado numerosos. Con el paso del tiempo, esta inercia se ha ido invirtiendo gracias al auge del frikismo (un más que rentable negocio del que yo mismo ni puedo ni quiero escapar), la superproducción hollywoodiense de El señor de los anillos, y la irrupción de Canción de hielo y fuego con su serie HBO a todo trapo. En este escenario, ya más favorable para los amantes de la fantasía (también la ciencia ficción), empiezan a surgir numerosos títulos del género en español (algo impensable en el siglo pasado). Hoy, con todos ustedes, Leyendas de la Tierra Límite.

Esta novela relata la historia de Aïa, una joven poseedora de un don mágico que le permite entrar en la orden de las Sanadoras. El día en que la Sanadora Mayor enferma de gravedad, Aïa es enviada desde la Torre de Piedra a buscar a Guil de Merabal, el único que, al parecer, es capaz de salvarla. Cuando lo encuentra, la joven descubre que la vida de su maestra depende de un muchacho, en apariencia, normal y corriente.

El primer tercio de Leyendas de la Tierra Límite es de manual. Estilo cuidado, ritmo constante, narración que fluye con solvencia, personajes cuyas bases estan construidas con calma, y tensión en aumento gracias a los secretos de un mundo que se va destapando poco a poco ante los ojos del lector. Lo dicho, un primer tercio muy bueno que indica que puede llegar a ser una lectura a disfrutar. Justo ahí empiezan los problemas.

El primer escollo identificable es la precipitación. Una historia que comienza tomándose el tiempo necesario para cada asunto, de buenas a primeras, se acelera. Todo empieza a pasar demasiado rápido, abruptamente, casi sin transiciones, desde que los protagonistas parten de la Torre de Piedra. La sensación es que la historia marcha cuesta abajo y sin frenos. Faltan detalles, falta pausa para que el lector asimile la nueva información,  falta profundizar en los personajes en un momento tan importante como es el enfrentamiento a las primeras grandes dificultades. Una historia tan compleja y tan ambiciosa como la creada por su autora necesita más páginas.

Esta precipitación también afecta al estilo, que, pese a estar muy cuidado en las primeras páginas, con el avance de los capítulos se va volviendo menos fresco, repetitivo, con tendencia a entorpecerse a sí mismo. Como ejemplo de esto, basta decir que se llega a repetir la palabra suelo hasta tres veces en una misma frase (durante el entrenamiento de Guil, allá por el 74% de la novela). Y esto no es un caso aislado.

La aceleración en la narración nos lleva al punto más importante de la trama: la relación entre Aïa y Guil. Los dos protagonistas se enamoran el uno del otro, pero al lector no le llega por qué ocurre esto. No pasa nada especial entre ellos (tampoco los conocemos tan bien), simplemente se encuentran y se enamoran. Los amores a primera vista indican superficialidad, deseo, y no sensaciones profundas y verdaderas. Esto es un problema que nos viene de las malas películas y las malas novelas rosas, donde no hace falta que los enamorados tengan algo en común, se resulten interesantes entre sí, o vivan algo que les una, sino que basta con que ambos sean jóvenes y guapos. Esta es la sensación que se me quedó cuando, en un abrir y cerrar de ojos, y para mi mayor asombro, ¡chas!, ya se habían enamorado.

Si, en lugar de dejarse llevar por las prisas, la autora hubiera puesto un mayor cuidado en trabajar más a fondo ambos personajes, el enamoramiento habría sido algo natural, la trama alrededor de los protagonistas habría resultado más interesante, y se habría evitado el bochornoso episodio (que no voy a relatar aquí, pero que está alrededor de la mitad del libro) donde Guil comete una barbaridad atroz que luego es imposible de sostener.

Y hasta aquí mi análisis de Leyendas de la Tierra Límite, una novela que no aprovecha su enorme potencial y que va de más a menos. No cabe duda que, si Ana González Duque consigue corregir esos errores, dará lugar a una novela muy a tener en cuenta. En su mano está.

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Javier • 24/09/2015


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