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G.K. Chesterton: El hombre que fue jueves

Título original: The Man Who Was Thursday
Idioma original: Inglés
Año: 1908
Editorial: Penguin/ Valdemar (2009)
Género: Novela
Valoración: Así sí

Existe toda una rama dentro de lo que podría denominarse como márketing editorial, destinada en exclusiva a atraer a posibles lectores. Sin contar con la publicidad en sí, en este apartado entra la labor de ilustradores y diseñadores (para la portada y cubiertas), y de creativos y editores para el texto de la contraportada (sinopsis y demás). Existe, además, un último factor que puede resultar definitivo, o al menos, facilitar la tarea: el título. Es innegable que un buen título es atractivo, aun sin saber nada más del libro en cuestión. Y aquí les traigo el que se podría considerar como mejor ejemplo de ello: El hombre que fue jueves.

En el bullicioso Londres de principios del siglo XX se reúne el peligroso Consejo Central de Anarquistas. Grabriel Syme, previamente reclutado por Scotland Yard para ser espía de los anarquistas, consigue introducirse en la asociación. Su nombre clave: Jueves. Con la intención de desmembrar tan sedicioso grupo, sobre todo a su líder (Domingo), Syme/Jueves comienza a indagar en la identidad de sus otros miembros, descubriendo que, tal vez, no todo es como imaginaba.

Sobre cualquier otra apreciación, he de avisar de que este libro es una guasa completa. G.K. Chesterton utiliza sus páginas para reírse de la policía, los anarquistas, la sociedad de su tiempo, y del lector, claro, sobre todo. No me entiendan mal, no hay ofensa en esta novela, no debería, por lo menos. En palabras de su propio autor, El hombre que fue jueves es una comedia alegórica, donde cada personaje y situación tienen su propio significado, y donde el siempre presente sentido del humor consigue arrastrar las posibles incomodidades de las críticas.

Y críticas hay para dar y regalar. Empezando por los ideales políticos de Schopenhauer, el pensamiento de Nietzsche, los movimientos anarquistas (tan en boga en la época), o incluso la paranoia atávica de los Estados por el control (sí, ya entonces tenían ese problema, no es nada nuevo).

Una última cosa a valorar (aunque podría pasarme horas y horas aquí desgranando esta obra de arte): el engaño continuo y despiadado al lector es de lo mejor que he visto en mucho tiempo. Sorprende encontrar algo así en un libro con tantos años encima, pero así es, y desde el primer capítulo además. Cada nuevo giro es más espectacular que el anterior y, por lo disparatado, más divertido.

En fin, que me rindo, me pongo a los pies de Chesterton. El hombre que fue jueves: así sí.

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Javier • 22/06/2015


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