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"Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma." Fahrenheit 451

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Michel Houellebecq: Plataforma

Título original: Plateforme
Idioma original: Francés
Año: 2001
Editorial: Anagrama
Género: Novela
Valoración: Muy recomendable

Houellebecq levanta pasiones allá por donde pasa. Tanto amor (Las partículas elementales fue una de mis lecturas preferidas de inicio de año, me dejó totalmente anulada por un tiempo) como odio (en cambio, la reseña que Javier hizo en esta página web de la misma novela es muy negativa, como podéis comprobar aquí) repartidos a partes iguales, y él encantado de ello, seguro. Por mi parte yo me declaro admiradora, más después de haber leído este Plataforma, 3ª parte de su trilogía sobre lo intrínseco, lo mejor y lo peor del ser humano (y conformada por Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales y este).

En Plataforma Michel nos sitúa al lado de Michel (¡oh!), un tipo cuarentón y lacónico sin interés alguno por una vida con la que parece interactuar de manera pasiva. No hay motivación, no hay cauce: la perspectiva ante los acontecimientos (la muerte de su padre, por ejemplo) es la de alguien sin reacción. Michel decide ir de vacaciones a Tailandia con un circuito y es allí donde conoce a Valérie, ¿alma gemela?, ¿visión de un futuro?, con la que inicia una relación y de paso una estrategia comercial basada en el turismo sexual. Bien. He leído dos novelas del autor solo, y se perfila ya en mi cabeza como uno cuyos personajes, mensajes y ópticas me interesan bastante. Tiene un estilo característico a la hora de presentar el mundo, una perspectiva clara, en realidad todo da igual, tanto da, la apatía es la clave, la apatía y el sexo. El sexo como, digamos, cura pero también como maldición terrible, como gran lastre que arrastran las voces principales. Sin embargo así como en Las partículas elementales la desazón iba acentuándose sin posibilidad de salvación satisfactoria posible, aquí esto da bandazos, y hay momentos de esperanza que palian la sensación de abandono y de vacío. Da igual, al final es un pozo y es tan difícil como siempre salir de él.

Houellebecq da hostias y tiene para todos: no falla, por supuesto, su habitual “crítica” (entre comillas porque, si bien justificada, me resulta, más que una crítica, una pataleta) a algún colectivo, en este caso los musulmanes. Hay un magnífico comentario acerca de la necesidad del turismo en el mundo occidental y otro relacionado con los best-sellers americanos, hablando de éstos, del cine de Hollywood y de los tópicos utilizados, que resulta muy divertido. Las radiografías que el personaje -que no es que esté por encima del bien y del mal, es que no está, simplemente- hace de sus compañeros de viaje y de vida son a su vez interesantísimas. A él, en un momento dado, se le define (más bien se autodefine él mismo con la impresión que cree haber dado a unas chicas) como “ser humano inofensivo y relativamente entretenido”. Me gustó la descripción para hablar de alguien. Todo esto adereza una historia muy decadente y que casa muy bien con lo aséptico del lenguaje del autor, y le da un tono más distendido que distrae un poco de lo que se le viene encima al lector a medida que se va volcando en las páginas de la novela. No sé qué es, he de confesarlo, pero el ritmo, la manera de contarlo, los personajes, las imágenes, algo, hacen de Plataforma un libro muy hipnótico.

El principal problema que plantea la lectura de Plataforma y, por lo visto, los libros de Houellebecq en general, es que no son novelas agradables ni fáciles de leer. Por supuesto que no tiene ningún tipo de dificultad en el texto en sí; la narración es muy fluida. Pero leerla se hace cuesta arriba, provoca un vacío muy grande y es muy posible que tras cerrar la novela uno se vea incapaz de empezar otra cosa en un tiempo determinado. Sí me parece un libro sumamente recomendable (de hecho esta es la primera entrada que hago en esta página cuyo libro se va a merecer esta calificación) y, sin embargo, no se lo recomendaría a cualquiera, para nada, jamás. No me parece difícil que a alguien le guste Houellebecq, pero me resulta una lectura tan dura pese a los elogios que tampoco le deseo este sentimiento a nadie. Merece mucho la pena, pero allá quien se atreva. Para mí, una de las mejores lecturas de este año.

narrativa francesanovelaSara

Sara • 20/10/2015


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