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Robert Galbraith (a.k.a. J.K. Rowling): El gusano de seda

Título original: The Silkworm (A Cormoran Strike Novel)
Idioma original: Inglés
Autor: Robert Galbraith
Año: 2014
Editorial: Sphere / Salamandra
Género: Novela negra
Valoración: Mejor no

Hoy os traigo la reseña de la tercera novela para adultos de J.K. Rowling, que es, a su vez, la segunda que publica bajo el seudónimo Robert Galbraith (sí, “seudónimo” se escribe sin p). Se trata de El gusano de seda, libro que leí en su versión inglesa y que ha sido recientemente traducido al español por Salamandra. Como estoy convencida de que merece un mejor no en toda regla, me voy a tomar la libertad de tratar de disuadirles de comprarlo.

De entrada, he de señalar que soy una fan incondicional de Harry Potter, y que no comparto la visión de mi compañero que reseñó en su día la susodicha saga. Pertenezco a la generación que creció leyendo estos libros y, personalmente, me encantan. Por tanto, mi opinión de El gusano de seda no se debe en absoluto a que yo partiera de una actitud negativa hacia esta escritora. Más bien todo lo contrario. No obstante, al publicar la novela que nos ocupa bajo un seudónimo, Rowling sin duda pretendía que fuera juzgada de forma independiente a Harry Potter. Por ello, en lo que sigue, me abstendré de realizar cualquier tipo de comparación con el mundo de Hogwarts y todo lo que lo atañe. Vamos allá.

***AVISO*** La reseña a continuación contiene algún que otro pequeño spoiler.

El gusano de seda es la segunda novela de la saga del detective Cormoran Strike que comenzó con El canto del cuco (Espasa, 2013). Esta última fue una novela que me ventilé en pocos días y que me dejó bastante satisfecha. El gusano de seda, no obstante, ha supuesto una decepción. Para entender por qué, hay que comenzar señalando que ambos libros tienen una estructura idéntica. A saber (y tratando de spoilear lo menos posible):

– Cormoran Strike recibe el encargo de investigar lo que al principio parece no ser un asesinato y luego resulta serlo.
– Cormoran Strike comienza a entrevistar, uno a uno, poco a poco, y en la medida en que se dejan, a los posibles sospechosos de dicho asesinato.
– Tras entrevistar al sospechoso más sospechoso (y cuando quedan unas 100 páginas), Cormoran Strike tiene una especie de revelación divina que le hace darse cuenta de quién es el asesino y exactamente por qué y cómo lo hizo.
– El narrador, que hasta ese momento ha sido omnisciente, pasa a describir los pensamientos y las acciones del detective de forma un tanto críptica para evitar que el lector tenga acceso al contenido de esa revelación.
– Cormoran Strike le pide a su ayudante que haga algo que resulta misterioso y chocante, pero que asegura que es fundamental para cazar al asesino.
– Tras unas cuantas acciones que parecen un tanto aleatorias, Cormoran Strike se encuentra cara a cara con el/la asesino/a y le revela que lo sabe todo. En este momento, el lector se entera de los detalles del asesinato, que en ambos casos están un poco cogidos por los pelos.
– La acción se precipita de forma vertiginosa y en un par de capítulos más (bastante cortos, por cierto) se acaba el libro, dejando al lector con la sensación de que quedan muchos cabos por atar y muchos interrogantes por resolver.

Esta forma tan precipitada de despachar el final del libro me enervó ligeramente en el caso de El canto del cuco, pero decidí perdonárselo a mi querida J.K. por el hecho de que el libro, hasta ese momento, había sido una delicia. El detective Cormoran Strike es un personaje más que conseguido: un hombre cuya labia y carisma indudables contrastan con unas características tanto físicas como personales que lo alejan del prototipo de hombre atractivo y triunfador al que Hollywood nos tiene tan acostumbrados. Pero no sólo él: el resto de personajes que aparecen en El canto del cuco están perfectamente perfilados. Rowling les da a cada uno una forma distinta de hablar y de moverse, y las descripciones son tan vívidas que parecen personas reales. Los diálogos son una maravilla y la tensión se mantiene de forma homogénea a lo largo del libro. Todo esto, como decía, compensa un final que resulta un tanto chapucero, sobre todo porque, después de haber acompañado a Strike en tantas de sus tribulaciones, se echa de menos un desglose pausado del proceso deductivo que lo ha llevado a su momento ¡Eureka!.

Pese a esta leve decepción, El canto del cuco me dejó con buen sabor de boca, por lo que me animé a leer la segunda parte de la saga. Craso error. No sólo porque ambos libros tienen la misma estructura y un final igualmente cutrosillo, sino porque las características de El canto del cuco que compensan su final, en El gusano de seda, por lo general, brillan por su ausencia. Cormoran Strike sigue siendo tan carismático y entrañable, cierto, pero el resto falla. Da la sensación, para empezar, de que el libro está escrito con prisas. En El canto del cuco el lenguaje está cuidadísimo y es una novela de la que, de hecho, se puede decir que está bien escrita. No ocurre así con El gusano de seda. Más de una vez me encontré con frases confusas que tuve que leer dos o tres veces para captar su sentido, así como palabras o expresiones que se repetían. Más aún, el argumento en sí resulta confuso y se desarrolla de una manera que lo hace difícil de seguir en ocasiones. Los personajes, ese gran plus de El canto del cuco, no aparecen perfilados con tanto cariño, a menudo resulta fácil confundir unos con otros, y es que, en cierto sentido, podría decirse incluso que son intercambiables. Son todos igualmente despreciables, personas por completo odiosas, con unas características que impiden que el lector se identifique con ellos o sienta preferencia por uno u otro. Cuando por fin se revela cuál de ellos ha cometido el asesinato, el lector se queda, por un lado, con la sensación de pos vale, porque tal y como lo hizo Fulano lo podría haber hecho Mengano, y, por otra parte, con un sentimiento de bueno y qué, ya que a uno realmente ni le va ni le viene que haya sido Fulano en vez de Mengano. Esta reacción se ve acrecentada por el apresuramiento con el que se ejecuta el final, que no permite que el lector comprenda del todo los motivos del asesino. Les juro que todavía ando dándole vueltas, tratando de atar los cabos yo sola. Y esto, señores, es un gran fallo, pues la novela negra de calidad se caracteriza no sólo por un final impactante y revelador, sino también por dejar todas las piezas perfectamente engarzadas.

Todo esto, queridos lectores, me lleva a concluir que realmente es un libro que no merece la pena. Para aquellos de ustedes que se hayan leído El canto del cuco y estén esperando la segunda entrega de la saga como agua de mayo, siento haberles traído estas malas noticias. Pero no desesperen… ¡será por libros!

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Susana • 26/12/2014


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