Babel es el Caballo de Troya de R. F. Kuang

Normalmente escribo las reseñas poco después de acabar el libro porque si no olvido mucho de lo leído. Eso no me ha pasado con Babel, la novela se ha convertido en mi imperio romano y vuelvo a ella cada par de días. Por lo bien escrita que está, intercala pasajes con cero acción con otros de aventurillas entre chavales que necesitas saber cómo avanza. Pero, sobre todo, porque es un Caballo de Troya.

Tras leer La guerra de la Amapola, una esperaría acción y escenas que te rompan en mil pedazos. Obras trabajadas y bien resueltas pero que se encuentran en los marcos de lo que ya conocemos (no lo digo como algo despectivo en absoluto). Y aterriza Babel, que es, como poco, una marcianada.

Y es que esta historia se sustenta sobre tres patas: una trama a la que estamos bastante acostumbrados, un fuerte discurso contra el colonialismo sustractivo y el infinito amor por las palabras y el oficio de la traducción.

Sobre el papel, la obra de R. F. Kuang nos habla de cuatro chavales que son aceptados en Oxford para realizar sus estudios de traducción. La ciudad tendrá mucha importancia, pero aún más el mundo universitario. Si has estudiado una disciplina absorbente, de las que se convierten en el centro de tu vida y te aislan del entorno, de las de pasar noches sin dormir y sentir cosas que solo tus compañeros de aula entienden esta es tu mandanga. Hay escenas volviendo a casa de noche, cuando el protagonista está extasiado y cansado y todavía le queda mucho trabajo que las he vivido. Esa era yo, notando el frío en la cara, pensando que qué afortunada era por poder vivir en ese entorno. También era yo cuando se da cuenta de lo opresivo que es un entorno así, pero intentaré no contaros más de lo necesario.

Bien, la carrera de traducción en este Oxford tiene una particularidad: sobre lingotes de plata podemos escribir palabras en dos lenguas y crear una fórmula que produzca magia. La explicación completa es bastante más hermosa que simplemente la que he dado y os invito a leerla, porque es la muestra de que Kuang está enamorada del malabarismo que encierra el oficio de la traducción. Y luego os hablaré de ello.

Nuestros cuatro protagonistas viven unos primeros cursos ensimismados por las posibilidades que se les abren. Es muy difícil transmitir lo poderosa que te sientes cuando con 18 años crees haber encontrado aquello que te va a definir para siempre, lo que se convertirá en tu carta de presentación existencial. Ellos lo han encontrado, y será un regalo envenenado. Y es que a los pocos meses de llegar, nuestro protagonista principal descubre una sociedad secreta que lucha contra el Imperio Británico y que lo meterá en una batidora mental que pondrá en crisis su vida. ¿Está cogiendo el camino fácil? ¿No es la opción egoísta coger una beca, estudiar, dedicarse a una cómoda vida académica y obviar lo que hay ahí fuera?

Y es que he sido intencionadamente olvidadiza: nuestro chaval de 18 años con toda la vida por delante es chino. No un chino cualquiera, un chino al que educaron en su país con una tutora que no sabía quién pagaba que le enseñaba inglés desde su más tierna infancia. Hasta que lo sacan del país, le meten en casa de un señor y le dicen a partir de ese momento es su tutor. ¿Por qué ha pasado eso? Porque para insuflar magia en los lingotes debes conocer de verdad ambas lenguas. No basta con un curso de verano por fascículos, debes sentir en ese idioma. Qué mejor que amaestrar a niños de otros países y luego importarlos como mano de obra trabajadora para el instituto de traducción.

Es el arranque, el primer ejemplo que Kuang usa para explicarte qué fue el colonialismo británico (y por extensión casi cualquier colonialismo): una manera de que un país extraiga los recursos de otro en su propio beneficio e impidiendo el crecimiento del lugar al que le corresponden esos bienes. La forma en que consigue transmitir cómo eso hace avanzar a la nación extractora y el dilema en el que coloca a unos chavales que no tienen culpa, pero de alguna forma se benefician de ser los cuestionablemente afortunados, es maravillosa. Es un manual de historia y política explicado narrativamente para que cualquiera pueda entender el concepto abstracto más allá del caso concreto. Y lleva persiguiéndome desde otoño. Me es muy difícil pensar en la maquinaria laboral capitalista, en las discusiones sobre en qué países intervenir por su petróleo y a cuáles respetar sin pensar que Kuang ha hecho un ensayo político disfrazado de ficción para amantes del fantástico y de la ficción académica. Es una genialidad.

Pero además, ha conseguido explicar algo terrible, doloroso y complejo (vemos cómo, al final, el populacho de lo que ocurre se entera la mitad de la mitad) que es nuestra propia historia mientras lanza al mundo un canto de amor por las palabras. Y te pasas la novela con el corazón cautivado por ese Oxford, enfadada con el mundo por cómo lo hemos ordenado y reconciliada porque, a la vez, hacemos cosas tan hermosas como las lenguas y sus equivalencias. La delicadeza con la que es capaz de explicar las sutiles diferencias entre un mismo vocablo en dos lenguas, cómo ha sido su camino para llegar a esas diferencias, cómo la mano de quién coge un texto es definitiva para qué sucede con él… todo ello es obra de alguien que lleva toda su vida no solo pensando en cómo ella puede escribir una historia, sino cómo le han llegado historias a las que no habría tenido acceso de otra manera. Los traductores son genios, cada vez estoy más segura, reescriben textos jugando con los significados y los contextos para hacernos llegar palabras imposibles. Tienen un oficio a caballo entre la técnica más erudita y el arte de la filigrana. Y son invisibles la mayoría de las veces, la mano negra que te regala un manual de geometría descriptiva y los versos más hermosos que se puedan imaginar.

El resultado de todo esto que cuento es una novela rara, con ritmos irregulares y que necesitas leer con calma. Si coges una página al azar no te estarás llevando una muestra representativa, porque hay muchos babeles dentro de Babel. No esperes otra Guerra de la Amapola, porque no es aquí, pero si los temas de los que te he hablado te han interesado, este es un buen arranque. Estarás por la mitad del libro pensando en releerlo para subrayar detalles que quieres memorizar o ampliar, se te acabarán los post-its y cogerás auténtica manía a algunos de sus personajes. Te pondrás triste y enfadada cuando veas que ante un descubrimiento técnico, el común de los mortales ve mejorada su calidad de vida un diez por ciento; cómo sería un mundo con un reparto equitativo en el que se repartiera equitativamente y se aplicaran criterios de justicia social. Qué pasaría si trabajáramos colaborativamente con aquellos países que tienen un potencial infinito pero les faltan herramientas para explotarlo. Pocos libros me han hecho sentir tanto y, sobre todo, sentimientos tan distintos entre sí. Kuang consigue removerte hasta cuando habla de compartir unas madalenas de limón, porque escribe terriblemente bien y sabe escoger las palabras exactas para evocarte las escenas con un detalle exquisito.

La guerra de la Amapola me gustó, Amarilla me pareció un aviso a navegantes, Babel ha hecho que quiera escuchar todo lo que esta mujer quiera contarme.


Título: Babel
Autore: R. F. Kuang
Año: 2025
Editorial: Hidra
Género: Fantasía

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