Javier Lostalé: El pulso de las nubes

Año: 2014
Editorial: Pre-Textos
Género: Poesía
Valoración: Ovación

Cuando hablamos de literatura actual tendemos a pensar en los autores jóvenes, las grandes promesas, los últimos éxitos…, como olvidándonos de los que un día fueron promesas y hoy ya confirmaciones. Javier Lostalé, por ejemplo, fue promesa en los ’70 y cuarenta años despúes sigue siendo ‘literatura actual’ con El pulso de las nubes. Pero esta ‘literatura actual’ poco tiene que ver con la de los jóvenes, los noveles con prisa, los recién llegados con ganas de comerse el mundo. Los poemas de El pulso de las nubes están escritos desde el sosiego, desde la experiencia de “Toda la vida”, las tres palabras que abren el libro, pues “Toda la vida necesitaste / para amar cuanto ignoras”, para adquirir esa experiencia reposada que enseña que “No es tuya la luz de tus ojos / sino el humo destilado / de cuantos en su mirada te recibieron / sin mapas ni fronteras”, o para reconocer que “En todos los caminos que elegiste / hay una señal de cántico o de tristeza”.

Por todos esos caminos ya recorridos vuelve a pasear Javier Lostalé en este libro, vuelve a mirar a un mundo que ya conoce, lo que no quiere decir que no siga sorprendiéndole, pues la mirada es nueva, cubierta de experiencia, y refleja una realidad como vista desde afuera, desde arriba. Pero esta mirada reflexiva no se dirige únicamente hacia el pasado, sino también a lo nuevo presente, e incluso a lo todavía no nacido del futuro. De hecho, todo el libro está cuidadosamente elaborado alrededor de la dualidad indivisible luz-oscuridad y su consiguiente familia semántica de opuestos complementarios: iluminación-sombra, alba-ocaso, llama-ceniza, brillo-penumbra… Incluyendo también nacimiento-muerte, que resulta ser el tema principal del poemario, pues en lo que está por nacer, porvenir, vuelve a oír Lostalé el latido de lo ya muerto. Al final, será “la universal pulsación de lo aún no concebido” lo que nos revelarán las nubes, a través de este libro, y, en última instancia, lo que nos une a todos, presentes y pasados.

El pulso de las nubes son treinta y un poemas breves (que no suelen superar la página), con títulos brevísimos (no más de cuatro palabras y generalmente sólo una), pero con regusto duradero. De ritmo medido, pero no obsesivamente, los versos son los protagonistas de este poemario. Destacan algunos bellísimos eneasílabos (“ardiente cielo desvalido”) y octosílabos (“una penumbra en desvelo”), pero, en general, la mayor parte de los versos de El pulso de las nubes tienen la gran virtud de brillar por sí mismos, de ser entidades independientes que en ocasiones encierran más significado que todo el poema, gracias a la cadena de connotaciones que inspiran en el lector. Esta característica (que algunos libros describen como intrínseca a toda poesía, pero que en realidad no es fácil de encontrar), es uno de los grandes logros de Lostalé, pues allá donde leas, su poesía rebosa versos-destello. Ejemplo: abro al azar el libro con los ojos cerrados y pongo mi dedo sobre “Miradas hay que respiran”, verso que forma parte de una oración con un significado concreto, pero que es autosuficiente y funcionaría casi como micropoema twittero. Y uno puede detener ahí su lectura, como si no importara que “Miradas hay que respiran” fuera seguido de otro verso, “desde el fondo de su soledad sin orillas”, que complementa el significado del anterior pero que, de nuevo, tiene una belleza y un contenido autónomos. Tres significados en dos versos: ingeniería poética.

Y así, se va mezclando en el lector el regusto de cada verso con el del siguiente, como se mezclan los rastros de nubes deshilachadas, generando una unidad heterogénea. Una unidad que el autor ha ido creando mediante la reelaboración continua de los conceptos que dominan el libro. De esta forma, aunque la temática o el tono de los poemas no sea el mismo, todos incluyen algún término de la familia de ‘luz’ o de ‘oscuridad’, o bien las palabras ‘pulso’, ‘pulsación’ o ‘nubes’. En definitiva, un ejemplo a seguir de poemario construído a través de conceptos recurrentes que generan una compleja unicidad, pues en menos de sesenta páginas, El pulso de las nubes consigue crear una poesía rica en matices y sugerencias pero que consigue transmitir un significado conjunto: la certeza de que el final del camino es igual que su comienzo y que a lo futuro y lo pasado les une la misma pulsación:

El mismo día fue tu vida,
el mismo horizonte sin nadie,
mientras un corazón abrasado
abre aún lo que no existe
y escucha su última respiración de ceniza.

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