Richard Ford: El señor de las cenizas

Título completo: El señor de las cenizas. Steelhaven 3
Título original: Lord of Ashes
Idioma original: Inglés
Año: 2015
Editorial: Umbriel (2016)
Traducción: Matías Néspolo
Género: Novela/Fantasía
Valoración: Está bien

Y, finalmente, aquí lo tenemos, el desenlace de la trilogía de Steelhaven: El señor de las cenizas. Después de un prometedor comienzo con El heraldo de la tormenta, y una secuela un tanto descafeinada, La corona rota, por fin tenemos con nosotros el título que cierra la saga (de momento), por lo que la reseña de hoy va para este libro y para todo Steelhaven. Comenzamos.

El señor de la guerra, Amon Tugha, ha comenzado el asedio de Steelhaven con su ejército de 40 mil salvajes llegados del norte. Lejos de provocar una hambruna en la ciudad y rendirla por desgaste, su idea principal es tomarla al asalto, por lo que sus habitantes (entre ellos los protagonistas de esta historia), tendrán que darlo todo para salvar el pellejo esta vez.

Se acabó: el prometido, anunciado y anhelado enfrentamiento final llega de una vez por todas, y con él las hostias que todos los seguidores de esta serie querían ver. Y son hostias como panes. Hay sangre, fuego, desolación y muerte por doquier, más bestia todavía que aquello a lo que Ford nos tenía acostumbrados, que no es poca cosa. De modo que la primera cuenta pendiente de El señor de las cenizas está saldada.

La segunda incógnita estaba en el destino de los 8 protagonistas, su final. Después de una magnífica presentación en Steelhaven 1 y un desarrollo discutible en el tomo 2, el desenlace es más o menos satisfactorio, y no estoy hablando de si este o aquel tienen mejor o peor suerte. Se trata de que no todas las historias quedan completamente cerradas. Alguna queda terminada, más o menos, con posibilidad de retomar el hilo argumental en cualquier momento. Y la mayoría (alguna de ellas con mucho peso en la trama principal) están totalmente abiertas más allá de la última página del libro. ¿Qué significa esto? Pues no lo sabemos muy bien, pero me arriesgaría a apostar cualquier cosa a que habrá secuelas a la trilogía.

Con respecto al libro individualmente, El señor de las cenizas remonta a su antecesor, La corona rota, una segunda parte que no quedó del todo bien. El estilo, la narración, las intenciones de los personajes… en general todo es más lógico y fluye mejor, aunque el autor no llegue a alcanzar el carisma y la gracia que ya derrochara en la primera parte. Su sentido del humor y las imágenes impactantes pero sencillas vuelven, aunque ya no es lo mismo. Además, sigue utilizando los monólogos internos de los personajes de una forma tan repetitiva y torpe como inexplicablemente empezara a hacer a partir de la segunda parte (en la primera no eran así en absoluto). Me refiero a que todos los protagonistas, TODOS, comparten una misma voz interior que continuamente les reta, insulta y menosprecia. Da igual si se trata de una ladrona, un excombatiente, un truhán o la misma reina de la ciudad.  Esa voz es la misma siempre, algo que desconcentra, descoloca, y finalmente, agota al lector. Es curioso (y triste) que me esté quejando por lo mismo que en la reseña de la segunda parte. En fin.

Ha llegado el momento de valorar el global de la trilogía. Steelhaven tiene una presentación potente, divertida, interesante y con tirón, buena tanto para los que aman el género como para los que no. Luego viene una segunda parte que no es más que un puente (por su falta de acierto y poco interés, se trata más bien de un pasillo) hacia el desenlace. Y, bueno, tal y como hemos estado comentando, esta tercera parte es correcta y deja satisfecho al fan que ha llegado hasta aquí. Pero nada más. Valoración global: Está bien.

De modo que tenemos entre manos una trilogía entretenida, fácil de leer y perfecta para que cualquier aficionado a la fantasía se la ventile entera en un par de semanas (ojo, peligro para las vacaciones), pero que no se encuentra entre los indispensables del género. A aquellos profanos en la materia, les recomendaría que empezaran en el mundo fantástico por otra cosa.