Bruno Galindo: Remake

Ilustraciones: Miguel Gómez Losada (cubierta)
Año:
2020
Editorial: Aristas Martínez
Género: Novela (realista)

A lo largo de la historia, se le han atribuido al tiempo muchas formas. Los pensadores ilustrados establecieron que es lineal, con un principio y un fin bien definidos, mientras que múltiples civilizaciones en todo el mundo lo han descrito como circular o incluso pendular. Leyendo Remake, no podía dejar de pensar que la verdadera forma del tiempo es helicoidal: las sucesivas generaciones vuelven una y otra vez sobre los mismos temas y tienen las mismas experiencias (tiempo circular), pero a la vez las construyen sobre el sustrato de lo que dejaron sus antecesores (tiempo lineal).

En Remake, un director de cine de mediana edad se reencuentra con una antigua amante en un sarao tras una entrega de premios. La obra de él hace tiempo que no conecta con el público y debe sobrevivir a base de rodajes de vídeo industrial. Ella fue actriz, pero con el paso de los años dejaron de darle papeles y decidió convertirse en agente de otros intérpretes.

Durante el rodaje de uno de estos «trabajos alimenticios» del director, un grupo de espontáneos arruina una toma con toda la plantilla y el director general de una empresa de seguros en una escalinata, irrumpiendo en ella para reproducir la mítica escena de las escaleras de Odessa de El acorazado Potemkin. Este evento parece ser la gota que colma la sensación del director de ya nada es nuevo nunca y que llevamos décadas repitiendo lo que ocurrió en la era dorada de los años 70, 80 y 90 del pasado siglo. No ayuda el hecho de que muchos de sus trabajos alimenticios sean biografías personalizadas, pastiches multimedia de recuerdos del cliente y efemérides, que le hacen regir su tiempo a través de la aplicación Decadize en lugar del calendario.

Remake. Libros Prohibidos

No debieras tratar de volver

Con un estilo aséptico en el que los personajes principales carecen hasta de nombre, Galindo reflexiona sobre la nostalgia en general y la de los baby boomers más jóvenes en particular —como millennial no puedo evitar hacer muecas ante la lista de las mejores cosas de los años 70 para el protagonista, que guarda en su cartera y que incluye «Películas de artes marciales. De indios. De guerra. Marcas de helado que ya no existen. Juguetes que ya tampoco existen. Walkie-talkies»—; pero también de cómo esa nostalgia, por un lado, se instrumentaliza, y por otro, hace vivir a sus apasionados en un anquilosamiento en el que sienten que todo lo que hacen los jóvenes es mierda (no como lo que hacían ellos), que ya nadie les comprende y el peligroso «ya no se puede hablar de nada porque se ofenden».

Podría contar sus memorias a partir de sus películas.

Playa negra. Sinopsis: un pintor de mediana edad vive un tórrido romance con tintes masoquistas con una turbulenta poeta que conoce en un resort junto al mar; la relación termina destruyéndole. Puntuación en IMDb: 6,9. Goya al director revelación. Premio del Jurado en Karlovy Vary. Premios en Mar del Plata, Roma y El Cairo.

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Lo que esconde el alma. Sinopsis: una pareja va de fin de semana a una casa rural para tratar de rescatar su relación tras las continuas infidelidades de él. Puntos: 4,7. Premio del Público en Varsovia, Cartagena de Indias, Moscú.

También contaría su historia a partir de las mujeres de su vida. Y empezaría por las actrices protagonistas de estas películas, pues con todas ellas había tenido algo que ver sentimentalmente.

Galindo se reserva una sorna demoledora para la industria cinematográfica nacional, desde la fiesta de cumpleaños del importantísimo productor, que se convierte en una recreación de décadas completas de su vida con actores y figurantes a sueldo incluidos, hasta los pasajes absolutamente impagables que describen la concepción, argumento y recepción de Potemkin Acorazada (sí, es exactamente lo que estáis pensando).

«Por eso sí», concluyó el figurante, «yo sí me creo todo eso de los trabajadores despedidos que trabajan a escondidas sin cobrar. Lo veo como el último modo de combate. Es lo único que se puede hacer a estas alturas.
»Y eso de repetir, no sé, una escena de Regreso al futuro en una salida de emergencia de un túnel o la escena de los obreros en la viga de una caseta de obra abandonada, o cualquier otra historia de estas, pues me parece más de lo mismo: un intento desesperado de ser feliz»

Hablando de recuerdos y nostalgia, no podía faltar en Remake la reflexión acerca de la reinterpretación de nuestros propios recuerdos, en este caso en un sentido dramático cuando una joven actriz en ciernes asiste a la fiesta de cumpleaños con el objetivo de interpretar a otra persona, bajo la dirección de la interpretada.

Conclusión

Remake es una novela francamente disfrutable con interesantes reflexiones acerca de la memoria, la nostalgia, la hiperrealidad, la angustia creativa por la originalidad y el paso del tiempo. Si bien no contiene elementos fantásticos ni de terror ni llega a ser una distopía de ciencia ficción, creo que puede ser del interés del público de Libros Prohibidos por su tratamiento de estos temas, que aparecen con cierta frecuencia en la narrativa de género. Apta para quienes se hayan hartado de oír que la EGB era mucho mejor.

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Foto de Volodymyr Hryshchenko en Unsplash