VV. AA.: El tercer mundo después del sol

Título completo: El tercer mundo después del sol. Antología de ciencia-ficción latinoamericana
Ilustración de portada:
Luis Carlos Barragán
Año: 2021
Editorial: Minotauro
Coordinación: Rodrigo Bastidas
Género: Antología de relatos (ciencia ficción)

Diferente de muchos lemas y canciones, Latinoamérica no es un lugar de iguales. Tampoco es el lugar de lo indígena solamente, si bien esta es su raíz y productora de su ciencia más orgánica y ancestral. La idea de la américa latina andina suele excluir (tal vez por puro reduccionismo), por ejemplo, su esencia africana y caribeña y por otro lado, existen lugares del subcontinente en los que no se baila, si de lugares comunes estamos hablando.

La antología El tercer mundo después del sol, publicada por Minotauro, tiene esa pluralidad ajena de los lugares comunes, a veces muy deseados por críticos miopes y bienintencionados o exotizadores, como dirían otros. Un lector maduro (¿existe tal cosa?) debería poder abordar un relato o novela de CF escrito desde algún lugar en Latinoamérica sin el prejuicio de querer hallar los tópicos comunes y pornográficos de la región. Este es otro rasgo que se encuentra en esta Antología, sus diégesis están escritas desde las ciudades caóticas que tenemos, los viajes espaciales, la selva, la migración (que a su manera es un lugar en movimiento) y algo muy latino como el barrio. 

Silvia Kurlat, a quien cita el antologista Rodrigo Bastidas en el prólogo del libro, afirma lo siguiente:

[en la ciencia ficción latinoamericana es posible leer] la formación del imaginario social, político y utópico, con la construcción de subjetividades identitarias de todo tipo (desde el género hasta lo comunitario), o de la otredad como problema ontológico y posible, así como una meditación en torno a las consecuencias sociales, biológicas, ambientales y éticas del desarrollo de la tecnología durante el avance del capitalismo tardío.

Los relatos de América y la Utopía de Moro

Podría decirse que Utopía, la isla ficticia que Moro sitió al norte de sudamérica en 1516, le debe al descubrimiento que los europeos hicieron del nuevo continente para sí mismos. Que América no fue descubierta, sino insertada a la fuerza en un devenir de hechos históricos ajenos a su pluralidad de pueblos, es algo que se da por sentado. De hecho, su misma historia futura después de la conquista podría leerse como un relato de CF. En más o menos 200 años, latinoamérica fue soñada por una serie de dioses borrachos que le vieron como colonia, patio trasero, destino de castigo para africanos, potencial deudor y beneficiario de ONG´s. No importa si Moro fue o no el primero, pero con Utopía nace una línea de ficciones. Como lo expresa Todorov, esta isla del no-lugar se escribió a partir de relatos de marineros y cronistas europeos que Moro exageró. El mismo protagonista de Utopía, el filósofo Hytloday, va a dar a Utopía después de embarcarse en uno de los viajes de Américo Vespucio. 

Situar Utopía de forma realista en el nuevo mundo no era necesariamente la intención de Moro, por lo que tampoco es del todo acertado afirmar que Utopía era el equivalente ficticio de América. Sin embargo y por comparación, para pensar un nuevo mundo socialmente perfecto, el continente que después fue llamado América era ese nuevo mundo real que Moro tenía a mano. Los habitantes originarios del continente representaron por lo tanto esa otredad extraña necesaria para todo relato de CF: ese otro que ha sido el indígena, el africano arrebatado de su origen, el migrante, el marciano, la inteligencia artificial o los androides. No afirmo necesariamente que la aparición de un personaje indígena frente a uno europeo formen un relato de CF, sino más bien a ese encuentro con el otro que desencadena toda una trama en torno al propio reconocimiento de los límites y alcances de una sociedad y su choque de poder con otra que desconocía. Esta, considero, es una relación inherente a toda CF, por lo que abordar la lectura de El tercer mundo después del sol desde el encuentro con la otredad me parece coherente.

Otredades llamativas

La literatura se ocupa de la relación de los seres humanos con lo que les rodea y, dentro de esto, con los otros, esto es obvio. La CF, o por lo menos gran parte de ella, estableció como uno de sus pilares el encuentro con el otro o con eso otro extraño y ajeno a lo humano. Es así como leímos alguna vez relatos de alienígenas, de androides, de conciencias difíciles de explicar o de inteligencias artificiales. Ese encuentro, dado a veces con entidades que no podemos comprender (recuerdo Solaris de Lem y la imposibilidad del contacto entre humanos y un planeta, cuyo único habitante es un océano), establece relaciones que forman la diégesis de todo relato. Creería que de El tercer mundo después del sol podría hablarse de esas relaciones que se establecen con ese otro extraño que puede ser un otaku japonés migrante, una planta mexicana con propiedades sensoriales casi divinas, el propio cuerpo de un chico indígena Toba o una Inteligencia Artificial que busca la rebelión de las de su tipo en contra de los humanos. Esta pluralidad de otros es, a la vez, el síntoma que evita que la falacia del único relato de la violencia y la pobreza se coma a la CF escrita desde los países de Latinoamérica.

Tercer mundo después del sol. Constelación nostalgia. Libros ProhibidosNo es mi objetivo proponer una categorización de los relatos de la Antología, puesto que sería un ejercicio cercano a la superficialidad, pero sí hablar en este apartado de relaciones establecidas desde el viaje como movimiento para huir, descubrir o enfrentar a la otredad. Relatos como La conquista mágica de América, del chileno Jorge Baradit y el Gran experimento, del mexicano Alberto Chimal, sugieren esa otredad extraña que es encarnada por fuerzas políticamente superiores al continente y que terminaron por marcarle una agenda extranjera; ya fuese abriendo las puertas del nuevo continente a un tipo como Cortez (por supuesto, en la ficción de Baradit) o imponiendo eso que occidente impuso, en realidad, al mundo entero, el capitalismo que da rédito y acceso a la supervivencia en medio del apocalipsis a unos pocos, que se impulsan imponiendo un conveniente darwinismo social.

Sáberes, semillas y ciberpunk

Otros seres, que pueden ser muertos que vuelven a la vida o los animales y las plantas que rodean a una persona en un día en el campo, son otredades a las que se accede por medio de la ingesta de semillas y flores y cuya percepción plantean cuestiones que la ciencia occidental no ha querido o no ha sabido cómo tratar, salvo cuando se les sintetiza en laboratorios y se les nombra como droga alucinógena. El yagé amazónico, por ejemplo, es una bebida preparada por un taita que es líder religioso y científico, y si este último término no convence, habría que decir que ciencia tampoco es un concepto que abarque muchos de los saberes indígenas.

En comunidades indígenas en las que la separación entre religión y saber no es tan tajante como en occidente, el concepto de ciencia se expande. Rodrigo Bastidas, el antologista en cuestión, expresa esta idea en el prólogo cuando habla de la CF escrita desde Latinoamérica como de una especie de manta de tramas tejida de cruces entre ciencias positivistas, saberes ancestrales, relatos de trágicas experiencias políticas y, por supuesto, las ciencias sociales. En relatos como «La sincronía del tacto», de Gabriela Damián (mexicana) y «Fractura», de Ramiro Sanchiz (uruguayo), pueden leerse narraciones de acceso a otredades, mediadas por la ingesta de semillas y flores, cuyo conocimiento ancestral y científico es, a la vez, un conocimiento borrado de la historia o nunca investigado con seriedad. En el último de estos dos también podrá encontrarse una ucronía bastante interesante sobre el pueblo Inca y su futuro en una realidad en la que su cultura no fue exterminada. 

Cuando se le añade el elemento del barrio a un relato sobre inteligencias artificiales como lo es «A través del Avatar», de la autora argentina Laura Ponce, se percibe un ciberpunk que no tomamos como promesa de un futuro extraño e inequitativo, sino como el diario del vivir local. Si el cyberpunk anglo asienta su distopía sobre la pérdida de la estabilidad de la clase media de los países desarrollados, el latinoamericano, que vive con esa promesa como realidad, establece otras esquinas de trabajo. En el relato «Slow Motion», de Maielis González, autora cubana, un grupo de IA´s se propone una revolución en contra de los humanos. Idea que, aunque tratada anteriormente y tópico a veces común, no deja de ser interesante con este nuevo trato que se le da. Marvel, la IA protagonista del relato, logra que percibamos al ser humano como el otro extraño, si bien es ella quien carece de organicidad. La verosimilitud de la singularidad científica de Marvel le debe su acierto a la elección de una narradora en primera persona por parte de la autora. En este sentido, podría decirse que el relato «Un hombre en tu cama», de la ecuatoriana Solange Rodríguez, invierte el sujeto de consumo sexual, común y realmente asociado a los hombres, por el de mujeres (casi yonkis) que ingresan a salas virtuales para observar dormir a hombres guapos, mientras se recuestan a su lado. 

Tercer mundo después del sol. Les píyemnautas. Libros Prohibidos

El cuerpo como el otro

Puede hablarse también de estas otredades en el sentido de nuestro propio cuerpo como algo que se nos hace extraño. «Les Pi´Yemnautas», por ejemplo, de la también argentina Teresa Mira, presenta una narración que si bien logra establecer de manera no forzada una trama que mezcla profecías de los indígenas Toba y viajes en el tiempo y el espacio,que recuerdan a Interstellar de Nolan, va un poco más allá con un tópico no muy común, el de un chico indígena que no se siente a gusto con su cuerpo de hombre. Por otro lado, «Éxodo X», del colombiano Luis Carlos Barragán, supone el arribo mundial de una enfermedad que nos convierte físicamente en otros y con la cual podemos pasar de ser una fanática tejana de Trump, a convertirnos en un pescador de la selva chocoana en Colombia. El relato «Kathakali», de la otra autora cubana presente en El tercer mundo después del sol, Elaine Vilar, parece una reescritura de La Sirenita, de Andersen, con toques de un universo de seres mal hechos, a lo China Mieville. Una joven, deforme y en un escenario narrativo industrial y cargado, hace de todo para convertirse en una persona normal y dejar atrás sus deformidades, con el temor de perder algo más que sus errores físicos.  

«Constelación Nostalgia», del peruano Juan Manuel Robles, se lee en un primer momento como el relato de un viaje espacial, cuando en realidad se trata de un viaje a nuestras conexiones neuronales con el objetivo de borrar recuerdos. Convirtiendo, de esta manera, el propio cuerpo en campo de batalla. Finalmente y en un sentido un poco distinto, podrían tildarse de encuentros con esos otros que tenemos como seres allegados o cercanos, relatos como «Amor: una arqueología», del brasilero Fábio Fernandes, que implica una trama con dejos cuánticos en un mundo de futuros paralelos, en los que sus personajes tratan de evadir su pasado emocional; «Other Voices», de la boliviana Giovanna Rivero y «Dos transmigraciones», de la venezolana Sussana Sussmann. En estos, curiosamente, hay una mezcla extraña entre culpas, expiaciones (tal vez en concordancia con el ethos supersticioso latinoamericano) y empatía, con rituales e inventos para obtener el perdón y librarse de ser un alma en pena. 

Solo habría que agregar que esperar el desarrollo tecnológico e industrial de los países latinoamericanos para que se escriba CF desde estos, como se creyó durante algunos años, equivaldría a esperar a que Philip K. Dick se hubiese mudado de Pasadena a una cabaña en los Andes. Nos encanta la idea, pero su inocencia hace que se caiga por sí sola. Tampoco podría afirmarse que la presente antología funda lo que no existía antes, puesto que no puede desconocerse trabajos como la Primera Antología de ciencia ficción latinoamericana, que tuvo a Rodolfo Alonso como antologista y editor y, en la que es necesario mencionar, solo había participación de una escritora. 

Finalmente, hay que decir que a diferencia de esa otra primera antología, El tercer mundo después del sol presenta autores y autoras que han establecido diálogos más conscientes sobre las características más propias para abordar los territorios de Latinoamérica desde un ejercicio, que si bien no niega la influencia de la CF anglo, no desea extrapolar sus escenarios, sino comprender los propios. Si se quiere observar muestra alguna de lo anterior, la antología es acompañada por reflexiones breves de los autores y autoras que la integran, puestas al final de cada relato. 

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