«(…) la relación mujer/casa, que tradicionalmente ha sido un vínculo impuesto y ha generado escrituras muy interesantes donde la alienación, la vida propia que cobra el entorno doméstico, su hostilidad, dan para muchos relatos.» Entrevista a Patricia Esteban Erlés.

Entrevista a Patricia Esteban Erlés. Libros Prohibidos

Hoy os traemos una entrevista a Patricia Esteban Erlés, una lectora ávida y voraz, autora de la novela Las Madres Negras (con Galaxia Gutenberg) y los libros de relatos: Manderley en venta y otros cuentos, Azul Ruso y Casa de Muñecas (los tres con Páginas de Espuma). Es profesora de escritura y conductora del programa radiofónico El sillón de terciopelo verde (en Aragón Radio).

Su prosa se traduce en un vaivén de emociones, sendero que serpentea por el bosque para internarse en casas abandonadas —no por ello deshabitadas— y viajar del presente al pasado, para aparecer de pronto en la ciudad, en un barrio que bien podría ser el nuestro, pero con vecinos que preferiríamos no conocer.

Hola, Patricia. Gracias por concedernos un hueco en tu agenda. Si te parece bien, siempre me gusta empezar con algunas preguntas personales, que te sitúan como lectora.

I: ¿Cuál es tu primer recuerdo ligado a las historias? ¿Y a la literatura?

P: Diría que son dos, de muy niña, porque en uno simplemente era receptora y en otro aparezco ante mí misma en miniatura, pero creando una historia. El primero, que he citado a veces, es el de mi madre contándome Blancanieves para que me comiera el trozo de hígado que detestaba. Cuando ella llegaba al momento en que el cazador, apiadado por la niña tan hermosa e inocente a la que debía matar, decidía llevarle a la reina malvada el corazón de un ciervo. Esa imagen la recuerdo vivamente, un corazón mucho más grande, latiendo aún fuera del cuerpo, que salvaba la vida a una criatura odiada sin razón. Para entonces ya me había comido el hígado sin rechistar, claro.

Entrevista a Patricia Esteban Erlés. Las madres negras. Libros ProhibidosLa segunda evocación tiene que ver con una imagen que recuerdo. Me veo a mí misma un día en que acaba de llover, dando vueltas por el patio de recreo, cantando una canción que acabo de inventarme. Intento que rime para no olvidarla y me entretengo sola, mientras otras niñas juegan o hacen cola en el tobogán del colegio.

I: Si tuvieras que escoger un título, sólo uno, ¿cuál sería y por qué?

P: Seguramente los cuentos de Poe, porque en ellos encontré todo un muestrario de miedos que percibo como reales, como creíbles. A la propia locura, a la muerte, a los que nos rodean. Poe nos enseñó a temer de otra forma, una turbadora, inquietante, porque conocía bien, por experiencia propia, aquello que puede  aterrorizarnos, el mundo de adversarios, enemigos, abismos, que genera nuestra mente.

I: ¿Qué piensas sobre la visualización de la mujer en el mundo de la escritura?

P: Creo que la visibilización es un proceso que se ha acelerado en los últimos años, pero me gustaría pensar que ha sido tan progresivo, tan rápido, como eficaz. Todavía no podemos percibirlo, no sabemos si este empujón necesario para que las mujeres que hacen cosas, en este caso escribir, sean percibidas de la misma forma que sus colegas varones, es producto de una moda global o una fuerza real, sólida. Esperemos que la regresión que percibo en ciertos aspectos como la política no afecte a esa progresiva toma de conciencia de que el mundo necesita también la percepción que podemos brindar las autoras, nuestra perspectiva, el tratamiento de temas que nos afectan pero también de los que habitualmente han tratado solo los hombres.

En cualquier caso, esa visibilización es necesaria, no solo como hecho editorial, es decir, como fenómeno que dé a las mujeres la posibilidad de figurar activamente y en igualdad de condiciones, sino como algo más trascendente: es fundamental que en los libros de texto, en el canon, se nos incluya con naturalidad, no como excecpiones, para que las niñas vean modelos femeninos, mujeres autoras, y perciban la escritura como un terreno abierto también para ellas. Si no hay modelos, si no encontramos a otras que nos precedieron, sentimos cualquier disciplina como algo cerrado, excluyente.

Entrevista a Patricia Esteban Erlés. Azul ruso. Libros ProhibidosI: Pese a que quizá no es algo que buscas adrede, tu escritura es oscura, perturbadora, ¿qué lazo hay entre la feminidad y lo insólito?

P: La vida ofrece, desde mi punto de vista, muchas zonas que no podemos interpretar desde la razón. No creo que sea una cuestión de sexo. Creo que si fuera un hombre me interesarían también esos misterios, esas grietas, pero es cierto que algunas temáticas, como por ejemplo la maternidad, están vinculadas a la mujer y pueden recibir un tratamiento insólito, inquietante, por la trascendencia del proceso, los cambios súbitos y continuados que generan en la realidad física de la madre, la presencia de una nueva vida a la que hay que adaptarse… Lo mismo sucede con la relación mujer/casa, que tradicionalmente ha sido un vínculo impuesto y ha generado escrituras muy interesantes donde la alienación, la vida propia que cobra el entorno doméstico, su hostilidad, dan para muchos relatos.

I: ¿Te consideras una autora oscura?

P: No pretendo ser una escritora oscura. Creo que me acerco siempre a la realidad y me atraen tanto las luces del ser humano como sus sombras. Escribo de ello, sin plantearme incidir en un oscurecimiento, en la negrura de los temas o personajes. Otra cosa es cómo se perciba esa manera de tratar los temas que me interesan.

I: ¿En qué géneros te mueves más cómoda, como lectora y como escritora? ¿Y con cuál/es te sientes a disgusto?

P: Me siento muy cómoda con el relato y disfruté mucho con mi primera novela, al igual que sucedía y sigue sucediendo cuando leo esos géneros. Creo que cada cual aporta unas ventajas y siempre supone un reto afrontarlos. El relato me hace pensar en una goma, un elástico cuya tensión nunca debes perder de vista. La novela es, en cambio, un hilo que puede alargarse y te lleva a alguna parte. 

I: A la hora de escribir cada maestro tiene su librillo, ¿tú qué eres, de inspiración o de método?

P: Método. Siempre insisto en la disciplina porque soy de natural disperso y si tuviera que confiar en mi inspiración no habría escrito ni dos líneas. Procuro escribir todos los días, aunque algunos no encuentre ni una línea pasable en lo que hago. Muchas otras veces sucede que empiezo a escribir y una idea o una imagen me lleva a encontrar una historia. Confío en el trabajo mucho más que en las musas.

I: ¿Cómo es tu proceso?

P: Intento mantener cierto orden dentro de un caos que me atrae y no me parece mal. Es decir, tengo varias libretas de diferentes proyectos y carpetas de ordenador abiertas para cuando decido abordar un libro. Pero no me impongo nada más, intento seguir la intuición que suele funcionarme y confiar en mi natural obsesivo, que me hace aplazar esos proyectos, pero nunca abandonarlos del todo, hasta que llega su momento.

I: Y ¿qué opinas de la documentación?

P: Que es necesaria, pero en exceso puede lastrar una narración. Me gusta investigar aquello de lo que voy a escribir, pero descarto muchos datos e intento filtrar, como en un alambique, la esencia de esa materia real, útil, con lo propiamente creado por mí. Conseguir eso es complicado, pero hay que hacer que la historia fluya, sin rémoras documentales, digresiones que a veces desvían al lector o le aburren soberanamente.

Además de escritora, también das clases y eres la conductora de un programa sobre literatura.

I: Tu programa radiofónico es todo un éxito, en él nos hablas de autoras insólitas, de relatos que te conmueven y revuelven a partes iguales. ¿Cómo te sientes ante el éxito del programa y a qué crees que se debe?

P: Me siento muy feliz y agradecida porque me divierte mucho hacer el silloncico y hablar justo de los autores y autoras que me interesan y encontrar que hay gente también interesada en este acercamiento literario. Entiendo la literatura como pasión y me encanta compartirla con los oyentes, fomentar la lectura pero también la escritura, porque creo que son dos herramientas muy útiles para cualquier ser humano. Creo que contar con expertos y apasionados cómplices que ofrecen su visión de un tema, un autor, un movimiento, ha resultado interesante para los «silloyentes», del mismo modo que la oportunidad de recibir clases quincenales e indoloras en un taller de escritura en el que podían concursar… Muchos me cuentan que es un espacio cálido, entretenido, donde aprenden. Y eso, como profesora, me llena de alegría.

I: ¿Con qué autor iniciarías a un/a profano?

P: Con Música para camaleones, de Capote. Es un conjunto de cuentos variado, maravilloso, escrito en un lenguaje muy limpio y rico a la vez, con personajes inolvidables a los que el autor parece entrevistar sobre la marcha. Me parece brillante, muy resultón.

Autora, lectora, profesora, crítica… Estás al día de las novedades y de lo que sucede en el mundo literario.

I: ¿Qué opinas del mundo editorial actual? ¿Y de los lectores?

P: Son dos eslabones necesarios de un proceso del que forma parte quien escribe y necesita dar a conocer su trabajo. Siempre he tenido suerte con unos y otros. He podido crear libremente, sin cortapisas, gracias a que edito en sellos independientes que facilitan mucho el proceso creativo y me han permitido participar en asuntos que para mí son relevantes, como la elección de una cubierta, el orden de los cuentos, los temas que abordo en estos y cuando escribí mi novela… Los lectores son nuestros interlocutores. Mantenemos una preciosa conversación con ellos a través de lo que les contamos en nuestros libros. Ellos escuchan, deciden quedarse o no, pero ya el simple proceso de mantener esa interacción en ausencia es magia pura. Y cuando encuentras a los que deciden permanecer y te dan sus puntos de vista, sus interpretaciones sobre lo que has escrito, es maravilloso.

Y por supuesto he visto que llegan novedades de mano de Páginas de Espuma.

I: Háblanos de tu último libro.

P: Se titula Ni aquí ni en ningún otro lugar, es un libro de relatos que rinde homenaje a la narración tradicional. He intentado acercarme al cuento que nos contaban en la infancia como autora del siglo XXI, desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, jugando con elementos como el narrador, el escenario, los personajes de esos relatos que nos hipnotizaban y nos hacían comer hígado sin rechistar. Por ponerte un ejemplo, en uno de los relatos me pregunto qué pasaría si el cuento, aún no acabado, fuera abandonado por su narrador, lo dejara inmóvil, desierto, sin desenlace. Otra vía con la que me he divertido mucho ha sido la actualización, es decir, he imaginado qué personaje real podría ser nuestro ogro contemporáneo. Una tercera opción ha sido contar a mi manera, ampliando el análisis psicológico, eligiendo un final alternativo, etc. historias que me encantaban de niña, como Hansel y Gretel o La bella durmiente.

Como aliciente extra querría mencionar la edición, ya que hemos intentado que fuera un volumen que evocara los libros antiguos de relatos, esos tomos del XIX encuadernados en tela, con ilustraciones maravillosas. En eso ha tenido mucho que ver Alejandra Acosta, una ilustradora chilena formidable que hizo maravillas y entendió perfectamente la idea de la que partíamos y la engrandeció con su talento.

I: ¿Tienes algo entre manos?

P: Sí, ahora mismo estoy escribiendo una novela de tintes autobiográficos que tiene mucho que ver con el barrio en que me crié.

I: Muchas gracias por prestarnos un ratito de tu tiempo. ¡Nos leemos!

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