Nadia Bulkin: Ella dijo Destruye

Ella dijo Destruye, portada. Libros Prohibidos

Título original: She Said Destroy
Traducción: Antonio Rivas
Idioma original: Inglés
Ilustración cubierta: Rafael Martín Coronel
Año: 2017
Editorial: La biblioteca de Carfax (2020)
Género: Libro de relatos (terror)

Obra perteneciente a la sección oficial de los Premios Guillermo de Baskerville 2020

Buenos tiempos revueltos para el terror

Y no porque en nuestra vida cotidiana estemos que nos vamos por la pata abajo a causa de la realidad tensa. Corren tiempos fértiles para la edición de buenas historias de terror en nuestro idioma. Hay varias editoriales que han decidido cuidar al detalle sus propuestas, recuperar historias clásicas y traernos también haceres más actuales, que reconocemos como muy cercanos a esa cotidianeidad de la que hablaba al principio, la que nos tiene moscas perdidas. Desde luego, La biblioteca de Carfax es una de ellas, solo hay que echar un vistazo a lo que ya ha sembrado en nuestro imaginario y anaqueles o deleitarse con sus anticipos, porque lo que viene es de órdago. El amante de las amputaciones a mordiscos que hay en mí no deja de agradecerlo.

Siguiendo un poco el juego, cualquier momento es bueno para sumergirse en nuestros miedos, en unos que ya no son causados por entes preternaturales, que no provienen de seres espeluznantes de vete tú a saber qué insondables distancias cósmicas; no, hoy se trata más bien de zambullirnos en el miedo a nosotros mismos, como sujetos que no saben lo que llevan dentro y como parte de este puzle social con piezas que no casan ni a cabezazos. Casi todos los relatos de Ella dijo Destruye van en esa última línea, la que hemos torcido entre todos.

Íncubo, Fussili. Libros ProhibidosOtra cosa que hacen estas editoriales, a las que habría que buscarles un íncubo patrón o montarles una verbena-akelarre, es descubrirnos nuevas voces. Esta santa casa, llena de almas condenadas a la vista cansada y los cristales progresivos, está siempre atenta a ese desfile de sorpresas, por eso me gusta refugiarme en sus soportales. Me complace pensar que algunas de vosotras sentís lo mismo que yo al toparos con estas reseñas, ese gozo de hallar algo más allá de la realidad, algo fresco y sangrante. Para mí es una sensación inigualable, que confirma que lo común es solo el pellejo apergaminado del mundo y que los buenos libros nos abren la puerta a territorios por estrenar, desconocidos, atractivos, en los que casi siempre queremos quedarnos, no a vivir, sino a estar vivos. Dice en la introducción a este libro Paul Tremblay:

Como aficionado empedernido a la música, comparo la emoción de descubrir un autor al que no conocía con descubrir a un grupo nuevo. Al principio hago acopio egoísta de la música y las letras, solo para mí (¡Mira lo que he encontrado! ¡Es mío, todo mío!), pero esta etapa se transforma rápidamente en una proselitización obsesiva

¿Os suena? Creo que es una forma de actuar muy común. Como aficionados a esto del terror literario quién no busca nuevos chamanes que sepan traducir al ahora el escalofrío ancestral. Por eso le rezo a la santísima Virgen del Stendhalazo y el Mayor Temblor para que nos traiga más epifanías así, prometo compartirlas en esta página.

En lo habitual nacen los monstruos

Cuidado. Libros ProhibidosAlgo que nos hace Ella dijo Destruye es desconcertarnos, poner al descubierto nuestras vergüenzas sociales como paso previo a un proceso de descondicionamiento. Que la costumbre no nos impida ver las tripas podridas de la anatomía humana. Porque todas, sin darnos cuenta casi siempre, nos aferramos al lado soleado del redil, queremos instalarnos en las pequeñas parcelitas de la realidad alucinada para cultivar nuestras manías y compulsiones, a la entrada de nuestro adosado ma non troppo solemos colocar uno de esos azulejos que pretenden ser guiños amables para el que pasa cerca, pero que no son más que una advertencia pasivo agresiva y territorial: «Villa Mimimi», y justo debajo, por si quedaba alguna duda, «Cuidado con el perro». Pues bien, esta antología nos saca de ese pasmo solipsista, desde su impactante título hasta su mezcolanza de temas y la sutil cercanía de estos con la actualidad, con su trasfondo descarnado o reinventado. No es cosa menor el deleite que sentimos ante esta escabechina de esquemas y cánones que Nadia Bulkin consigue en sus páginas.

Describir la realidad para acceder a sus sótanos

Hay un trasfondo político en los relatos de Ella dijo Destruye, uno atenuado y disuelto. Y cuando no es tan evidente este color de lienzo aparece otro, lo sociológico como tema y caladero. La autora decide contar la herida del mundo, mirarla desde distintos ángulos. En sus cuentos, se posiciona del lado paria de la vida y ahí hurga con sus dedos, desgarra para mostrarnos lo que sea necesario, todo para que nos conmovamos, para que ya nada sea lo mismo, para mancharnos los ojos de dudas. ¿Acaso no es esto lo que le pedimos a nuestras lecturas? No salir siendo los mismos. Sin doctrina anquilosada y con intención de palpar la verdad, así escribe esta autora.

Dijo destruye, Política, Julio César. Libros ProhibidosJunto al tono político pero nunca panfletario otra virtud que hace que Ella dijo Destruye valga mucho la pena es su variedad temática: violencia de todos los colores y pelajes, familia, reivindicaciones de clásicos sobradamente conocidos, fábulas con ambientación exótica… En estos relatos de «horror sociopolítico», así los autodenomina Bulkin, encontraremos monstruos conocidos, cercanos, los llevamos dentro, sin saberlo, por herencia, inercia y costumbre.

Vamos con una pequeña nota de cada uno de los relatos que componen este libro. Cuando los cuentos son de calidad me gusta hacer este desguace pormenorizado, creo que merece la pena.

«Zona de convergencia intertropical»

Magnífica forma de comenzar esta colección de cuentos. Suele funcionar eso de despertar la extrañeza del lector desde el inicio. Este relato tiene aires de paganismo ancestral que permea una realidad cruenta, nos muestra rituales de efectiva superchería. Militares que quieren el poder a toda costa, consejeros misteriosos y ladinos, y un hambre atroz por apropiarse de la energía que cargan objetos y personas. Esa apropiación se hace fagocitando el símbolo, faquirismo gore o enfermedad de pica del ambicioso, quién sabe. Leo este cuento como una alegoría sobre el deseo ilimitado de poder y vigor, caiga quien caiga. Es imposible no identificarse con el protagonista, un teniente de medio pelo, un mandao al que le toca cumplir con unos recaditos de lo más tétricos.

«Las cinco etapas del duelo»

Lo mejor de este corte es su ambientación, el mundo que se nos va abriendo poco a poco, uno en el que los muertos se quedan en un aquí de interior que aprieta y oprime. Este es un relato que habla de la pérdida, de una familia que no sabe sobreponerse y se convierte en un entorno hostil para sus propios miembros. Sí, desmitifica lo familiar; y ese hacer añicos los tópicos revenidos es algo que la buena literatura sabe cómo llevar a cabo.

«Y cuando fue mala…»

dijo destruye, abismo. Libros ProhibidosLa voz narrativa nos deja caer, sin anestesia, en medio de una escena increíble. Desolación y cuerpos profanados. Sentimos a la vez que la protagonista el impacto de la brutalidad y cómo va creciendo la rabia. Desde ahí se va urdiendo el tapiz. ¿Qué leches ha pasado aquí?, nos preguntamos.

Esta especie de fábula sobre el horror que albergamos descoloca y también nos despierta instintos que nos obligamos a aplacar. ¡Cuidado con el monstruo!, ya se sabe los mareos que acarrea el contemplar mucho tiempo el abismo.

«Solo la unión salva a los condenados»

¿Os acordáis de la Bruja de Blair?, pues aquí también hay una leyenda local que se va de madre. Adolescentes inadaptados haciendo gansadas que se topan con un castigo por cachondearse de lo profundo. La leyenda que profanan oculta algo antiguo que se defiende; algo inefable que ata a los habitantes de un pueblo a su pasado y, sobre todo, a sus bosques. En la espesura comienza y acaba este cuento, allí está el pórtico y la amenaza.

No pude dejar de acordarme, por el decorado de naturaleza amenazante y ominosa, de Blackwood y sus historias del Gran Norte, de las infinitas extensiones arboladas que no quieren a nadie en sus dominios.

«Pugelhueso»

dijo destruye, vertedero. Libros ProhibidosComo estamos aturdidos por la sobreexposición a nuestra realidad-escenario no nos damos cuenta de las consecuencias, de lo que sucede donde no hay ojos para mostrar con la correspondiente capa de pintura publicitaria. Vamos hacia al desastre, ya somos más máquinas de desperdiciar que seres conectados con su naturaleza humana. El basurero será la norma y producirá sus propias criaturas.

En un escenario de colapso patrocinado por una empresa de conservas, por eso de vivir asardinados, bien juntitos en espacios insuficientes, vemos como surgen seres patéticos de los restos, de la mugre que lo invade todo; qué son y cuáles son sus motivaciones es lo que este relato nos descubre.

Un «poco más» no es un plazo. Un «poco más» es una serpiente joven. Aquel «poco más» en concreto ya duraba cinco meses. Cuando la madriguera le dijo a la ciudad que había monstruos en las paredes, el «poco más» se había alargado hasta un sangriento año entero.

Bulkin demuestra en esta historia una pericia especial para lo alucinatorio, para hacernos dudar sobre los sucesos que nos presenta, sobre si son un delirio compartido o un horror agazapado al que nadie quiere mirar a la cara.

«Cabra roja, cabra negra»

Lori. Libros ProhibidosLa infancia como algo extraño, un territorio para la percepción aguda, para alternar con lo que los adultos ya son incapaces de sentir o percibir; todas esas cosas de críos. Un tema clásico de la literatura de terror: niños sabihondos que están en contacto con lo inefable. Aquí son dos, parecidos a adorables loris y saben hablar con las cabras.

Muchas sabréis lo que es un djinn, pero ¿un toyol? Es uno de los alicientes de este corte, encontrar accesos a mitologías sin expoliar aún por la maquinaria apisonadora de la mercadotecnia. Pues eso, demonios lares con malas pulgas, otros infiernos no cristianos manifestándose y la cabra, pobretica mía, otra vez señalada como emisaria de lo maligno desatado.

«Siete minutos en el cielo»

Que el secreto y la ocultación comunitaria del pasado es la madre de todo cordero degollado en extrañas circunstancias, los sabéis de sobra, para eso leéis libros de canguelo, para no olvidar que lo que se entierra en el tiempo y la vergüenza vuelve, no precisamente de forma educada.

Este es un relato extraño, confuso pero hipnótico, que tuve que leer dos veces. En ambas disfruté. No todo es explicar hasta matar el misterio, a veces basta con avivarlo, señalar la confusión de lo muerto para invocarlo. Los fantasmas pueden adoptar muchas formas y tamaños y la realidad hacerse difusa cuando se agrieta y se le ven sus planos infinitos.

«Te quiero, chica»

dijo destruye, colegio. Libros ProhibidosSeguimos con la visión del horror que escapa a la capada vida adulta. Este relato señala el sufrimiento escolar y el dolor que provoca, las secuelas que deja. La inacción de los normales emborronados en sus quehaceres no ayuda. La solución es drástica y apela a esos otros mundos que pueden hacer arder nuestro aquí cogido con alfileres.

La alienación de un sistema que nos lleva al límite a todas y el empeño por disimular son la tapadera, que no encaja bien y deja salir el hedor a podrido, de lo que ocurre en las sombras, la justificación del que ya no tiene nada que perder; angustia y desesperación, ¿las habéis sentido alguna vez? Pues en este cuento se atreven a tomar esas medidas radicales que a todos se nos han pasado por la cabeza en algún momento de sufrimiento extremo. Esas, esas, justo esas.

No mucho después de aquello la despidieron por obligar a un alumno que iba atrasado a beber ácido clorhídrico. También se sirvió un vaso de precipitado para ella, y brindó: «¡por el fracaso!».

«Vida eterna»

Lo que fue y lo que aún es a pesar de muerto. Una historia de imperialismo, dictadura y masacre. Fantasmas de variado pelaje: el atroz, el humilde acomplejado y el viscoso espectro del olvido. Un cuento en el que se mezclan múltiples temas que confluyen en el tópico de la habitación encantada de un hotel, en este caso, la 305 del Armitage.

Confrontación y mezcolanza de planos, vivos y muertos. Asuntos por resolver, sí, de eso va este corte, de lo poco resueltos que somos en la vida y de la tarea de comprensión que nos queda cuando el limbo nos alcance.

«Violeta es el color de tu energía»

dijo destruye, maizal. Libros ProhibidosLa locura en el maizal. La verdad es que por mucho que cierto hartazgo recorriera mi mente rebosante de prejuicios al iniciar esta historia, he de reconocer que el mecanismo funciona. Tenemos aquí un ejemplo del buen hacer de esta autora, que toma temas políticos y sociales para bajarlos a ras de suelo e ir sembrando la sensación de que de una tierra regada con sufrimiento solo puede nacer el horror, de un sistema que se asienta en el ansia y la depredación solo pueden surgir presas asustadizas que enloquecen de miedo y se devoran entre ellas.

La narración se adentra con suavidad en el cliché del hombre recibiendo su merecido, su castigo por ser arrogante. Su ignorancia de lo natural y su reverso lo aplastan. Todo eso que no podemos comprender ni dominar pero que nos afecta hasta el punto de poder aniquilarnos, eso es lo que actúa en esta historia.

«La verdad es el orden y el orden es la verdad»

¿Homenaje en el título a George Orwell y su neolengua? Hoy que parece que ya la tenemos aquí, que hablamos para no decir, para sostener el estado rocoso de las cosas, doblepiensa mal y acertarás. Que la ficción nos roa las canillas y que así no alcance su poder catártico porque ya empieza a no ser invención. Aterra que el refugio se nos arrebate.

Pero la evocación del título se va deshaciendo enseguida. Aunque algo de totalitarismo hay en estas páginas, una dictadura con elementos familiares. Seguro que os suenan Dagon y R’lyeh, mucho turismo macabro hemos hecho los aquí presentes por sus avenidas. Este cuento suena a delicada leyenda de los mares del sur, a epopeya y a leyenda. Resulta sumamente evocadora esta crónica de una princesa con muchas agallas.

«Cero absoluto»

Comienza la narración de forma directa, casi nos tumba en la cuarta línea. De nuevo tenemos esa extrañeza abierta ante nosotros, palpitando la rotura de lo real.

Hubo muertes. A diferencia de las grandes barbacoas festivas, el espectáculo de Tom Lowell no repartía felicidad. La gente salía de la carpa bien en silencio, bien presas de un enfado terrible y mascullando cosas como: «Aquella vez en Reno» y «¿Qué hiciste con el dinero de mi padre?»

dijo destruye, bosque. Libros ProhibidosVemos ante nosotros, enjaulada, a una criatura que nos trae de nuevo el bosque, es la representación física de su espíritu vengativo, el padre de muchos hombres marcados por la inadaptación y la locura. Yo, que veo al Wendigo hasta en las procesiones de Semana Santa, he leído esta historia con regocijo, paladeando la fatalidad del que se sube a la azotea y observa el afán humano por controlar la naturaleza. Ha sido un placer husmear en esa arrogancia que intenta tapar el miedo que nos devuelve a la conciencia de ser solo eslabón y presa, nunca amo ni dominador. Nos cazan. ¡Pobres humanos desvalidos! Ellos, nosotros, somos los que estamos entre rejas, limitados, rabiosos y neurotizados. Ya lo dice el refranero: del cuerdo al loco falta muy poco.

Dije antes que hay mucha sociología en los relatos de Ella dijo Destruye, pues bien, además hay psicología. Este cuento quizás es en el que lo psicológico juegue un papel más evidente. Nos obliga a mirar a los lugares ocultos que el ser ideal y el comportamiento intachable nos impide atender, lugares para lo feraz, lo silvestre, lo deforme que convive con nosotros por mucho que lo tengamos sepultado.

«Sin dioses ni amos»

Se cierra Ella dijo Destruye con el relato más largo de la recopilación. Como postre se nos sirve una suculenta maldición familiar, aliñada con posesiones infernales, demonios en los genes y sarcasmo para resistir, para soportar todo lo que las mujeres de una familia tienen que cargar a sus espaldas.

dijo destruye, brujas. Libros ProhibidosPorque esta crónica de brujas contemporáneas lo es también del apoyo mutuo, del conciliábulo detrás de las normas, de mujeres que se protegen y sobreviven. Narrado con un pulso envidiable; capaz de mezclar tonos, temas y tiempos sin que el estilo decaiga. Este último cartucho del libro guarda imágenes potentísimas, muy vívidas, llenas de violencia que se libera y nos libera.

El diablo pide paso, está en todas las bocas, en todas las iras, pero necesita a las mujeres de la estirpe Twining para entrar en nuestro mundo. Brujas que resisten, para qué queremos más.

La viga en el ojo propio

Después de este repaso a los cuentos de Ella dijo Destruye voy terminando la reseña. En este libro no hallaréis un universo totalmente nuevo, eso se lo dejaremos a los anuncios de automóviles, tampoco una continuación sobre raíces de algún estilo o tradición más clásica. Aquí hay un mundo personal, unas inquietudes que devienen en obsesiones, y es esa fijación en algunos temas lo que aprovecha Bulkin para profundizar, para decapar la realidad y poner en evidencia que llevamos encima el germen del terror, que no hace falta echarle mucha imaginación cuando en algunos ojos muy cercanos, en ciertas actitudes habituales o en muchas servidumbres de esta realidad social, podemos intuir la semilla de la que nacen todos los horrores.

Preocupaciones y miedos del día a día se mezclan con guiños y temáticas conocidas por el lector asiduo de relatos de este género. En este libro se explora el abismo social y psicológico al que nos asomamos, la grieta en la esquina del salón que nos anticipa el derrumbe.

Creo que disfrutaréis con la inquietud que exudan estos relatos.

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Fotos extraídas de Pixabay, Pxhere y Piqsels

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