Varias Autoras: II Premio Ripley

II Premio Ripley. Libros Prohibidos

Título completo: II Premio Ripley. Relatos de ciencia ficción y terror
Año: 
2018
Editorial: Triskel Ediciones
Género:
 Antología de relatos (Ciencia ficción y terror)
Coordinadores: Portal del escritor y Triskel ediciones

Una apuesta por la solidez

Hay proyectos que funcionan y eso hace que se reediten o se repitan y, así, se terminan convirtiendo en tradiciones. Si además son necesarios, hay que marcar la fecha en rojo en el calendario. Esto es lo que pasa con el Premio Ripley, concurso de relatos organizado conjuntamente por Triskel EdicionesPortal del Escritor para mujeres que escriben ciencia ficción o terror —o ambas cosas juntas—. En 2017 fue la primera entrega, y ahora, justo un año después, nos llega este II Premio Ripley. Tan esperado y necesario como el anterior.

Antes de ponerme con los relatos en sí, voy a hablar un poco del libro en general, ya que una de las —sorprendentes— particularidades del II Premio Ripley es su uniformidad. Es común que en las antologías firmadas por varias plumas haya de todo. Y más en un caso como este, donde el requisito era escribir terror o ciencia ficción, con la cantidad ingente de subgéneros que ahí caben. Pues en este volumen nos encontramos 12 relatos muy diversos, pero homogéneos; cada uno de su padre y de su madre, pero siempre dentro de una misma línea y con unas características que podría parecer predefinidas y que le dan un acabado sólido. Parece que en lugar de 12 autoras hay 3 o 4 que han escrito varios relatos cada una.

La primera de esas características uniformes es el equilibrio entre los cuentos. Si bien en la primera edición nos encontrábamos con unos cuantos cortes que sobresalían y se diferenciaban con mucho del resto, en esta ocasión hay una mayor homogeneidad. Veo justo, por ejemplo, el primer premio y la finalista, pero no me hubiera extrañado que hubieran sido distinguidas otras dos completamente distintas. También he de decir que esto se traduce en que en este segundo volumen faltan relatos contundentes que brillen por encima de lo normal, pero también es cierto que ninguno está por debajo de una media que, por cierto, es bastante alta. Esto contribuye en gran medida a que el II Premio Ripley sea más serio, compacto y, de nuevo me permito usar la palabra, sólido.

II Premio Ripley. VR. Libros Prohibidos

Más datos que atestiguan esta tendencia de tomo uniforme y bien plantado: el cuidado de la escritura. Sorprende todavía más comprobar la importancia que todas y cada una de las 12 autoras dan al estilo. Cuentos muy bien escritos, con un tempo medido y con una tendencia general a jugar con la estructura, a cambiar los tiempos narrativos y los puntos de vista. Hay osadía en estos relatos, y si bien las temáticas no son todo lo innovadoras que podrían, las formas destacan por su belleza. La estética mimada no es la excepción, es la regla.

Último detalle en global del II Premio Ripley antes de pasar a hablar de los relatos más destacados. En el volumen del año pasado ya había unas cuantas muestras, pero en esta ocasión casi es mayoría. Me estoy refiriendo a la hibridación de la ciencia ficción y el terror. Ya no solo son muchos más que en la edición anterior, sino que me parece que es la tónica general. Y lo veo como un refrescante acierto, ya que creo que capta a la perfección el ambiente de este premio, la idea primigenia que se basa en ese Alien de Ridley Scott. Esa Teniente Ripley que tiene que vencer al horror salido de otro mundo dentro de una nave espacial. ¿Más hibridación? Por supuesto que la hay. Me ha sorprendido encontrar unos cuantos relatos que, además de la mezcla ya comentada, introducen sin despeinarse el humor. Y sus autoras salen airosas.

Los más destacados

Por eso, el aspirante nº 23 ha dejado de escribir, deambula por su cubículo. Entre otras cosas, se pregunta cómo va a reconciliar un Estado aconfesional dirigido, en parte, por u na monarquía parlamentaria ligada a la Iglesia católica, en parte, por una democracia que pretende ostentar los derechos de igualdad entre sus ciudadanos.
El aspirante nº 23 se ríe, primero, por lo ridículo de la situación, y aprieta los dientes; segundo, por lo ridículo de la situación.
(«Los guionistas de Marte», Almijara Barbero)

No voy a hablar de todos los cortes que contiene el II Premio Ripley porque son unos cuantos y me quedo sin espacio. De modo que voy a traeros solo mis favoritos, cosa complicada debido a la igualdad que ya he comentado antes. Empiezo por «Niña caducada», de Beatriz Esteban, primer relato y ganador de esta edición. Se trata de una distopía de largo recorrido pero que se centra en crear en el lector una conseguida sensación de agobio. Toca muy subrepticiamente una versión futurista de los vientres de alquiler. Crítico y sombrío, sí, tanto como posible y creíble.

Seguimos con «Buen viaje», de Ana Roux, relato finalista. He de confesar que me pilló desprevenido. Era el segundo relato que leía y no me había situado todavía. Pero muy pronto me hice a esta loca historia de una anciana que acepta participar en un experimento que hará que su vida termine en un viaje al espacio. Muy bien contado y más divertido todavía.

El que viene ahora, «Los guionistas de Marte», de Almijara Barbero, es uno de los dos que más me han gustado y también tiene una buena dosis de ese humor que impregna una buena parte de la antología. No solo es gracioso, sino original, punzante —hiriente, casi—, inesperado, imposible. Es un contraste muy positivo entre tanta tendencia a la descarnada distopía.

«Sangre oscura», de Yaiza Carrasco, por contra, no está para bromas. Nos plantea un cuento de terror vívido y de bella escritura fluida. Utiliza ese tabú en nuestro mundo, la menstruación, como hilo conductor de una historia que va in crescendo hasta un final que termina por engullirte. Con «Ese preciso instante», de Asun Blanco Cobelo, nos topamos con la que, para mí, es la estructura más arriesgada y conseguida de toda la colección —y ya es difícil—. Narra los pormenores de un viaje espacial que es cualquier cosa menos predecible. Un verdadero cubo de Rubick narrativo.

Mi otro cuento favorito es «Las raíces», de Marina Tena. Parece que se va a tratar del típico relato distópico posapocalíptico, pero en realidad es una historia de terror llena de lirismo y conducida como la seda hasta el mismo final. Y termino mi repaso con «Cuaderno de campo», de Eva García Guerrero, un cuento tan interesante como bizarro que narra la «posesión» por parte de una deidad andina. Es de terror, y también es el que creo que tiene una escritura más cuidada.

El Audi 3000 de un conductor deportivo en dirección contraria. Tu coche perdió el control. No lo programaron contra los suicidas. Velocidad, terraplén, maleza, sacudidas, los displays holográficos inundando la cabina como fantasmas del más allá. La muerte tomó forma de boca inmensa dispuesta a tragaros como un agujero entre los árboles. («Cuaderno de campo», Eva García Guerrero).

Y hasta aquí mi repaso a esta nueva edición de los Premios Ripley. Veo injusto dejar fuera a los cuentos restantes, pero de verdad que ha sido muy complicado hacer esta selección. No me quiero imaginar el trabajo de los jueces que tuvieron que conformar el libro entre 293 relatos que les llegaron. Me reitero en la calidad tan pareja de cada uno de los cortes, lo que subraya el valor de esta antología tan necesaria y recomendable.

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Foto: Samuel Zeller. Unsplash