VVAA: El futuro es bosque

El futuro es bosque. Libros Prohibidos

Título completo: El futuro es bosque. Antología de ficción climática
Año: 
2018
Editorial: Apache Libros
Género:
 Antología de relatos (ciencia ficción climática)
Coordinadora: Giny Valrís

El futuro es tenebroso, pero…

Hoy da comienzo la Hispacon 2018, la reunión itinerante que organiza anualmente la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía Ciencia Ficción y Terror). Este año toca en la maravillosa Salamanca, donde tendrán lugar 3 jornadas de charlas, presentaciones y mesas redondas, y donde también se entregarán los prestigiosos premios Ignotus y el premio Gabriel. Todo con el recuerdo especial del recientemente fallecido Domingo Santos —cuyo nombre, por cierto, designa otro de los premios—. Si andáis cerca de Salamanca, no dudéis en pasaros. Y ahora, vamos con la reseña de El futuro es bosque, que es a lo que hemos venido.

La ciencia ficción climática es otro de los subgéneros que están empezando a desarrollarse y expandirse. Se trata de obras en las que se pone el foco sobre las catastróficas consecuencias del cambio climático que se nos viene encima. Existe un artículo que explica muy clara y terriblemente esto, y que tuve la oportunidad de comentar recientemente en Twitter. En fin, que con el ánimo de alertar y concienciar a los lectores, nacen iniciativas como esta antología de relatos que nos presentan un futuro funesto que parece inevitable, pero contra el que todavía podemos luchar. Solo la intención y el fondo, hacen de El futuro es bosque una lectura recomendable.

Dicho y hecho, Apache Libros confió este proyecto a Giny Valrís, escritora de ciencia ficción que en su obra ya ha mostrado un fuerte interés por los efectos del cambio climático, la irrupción de las nuevas tecnologías y nuestro futuro como especie. Como coordinadora de este proyecto, Valrís ha apostado por nombres con recorrido en el fandom, con tablas, y quienes también han demostrado a lo largo de su carrera inquietud por la cuestión climática y las adversidades que en las próximas décadas tendremos todos que encarar. Un elenco de primeros espadas.

El futuro es bosque. Vertedero. Libros ProhibidosSin embargo, pese a la vigencia e importancia de la temática, y a la calidad de los autores participantes, no me he quedado del todo satisfecho con el resultado final. Por un lado, creo que algunos de los relatos no terminan de encajar bien en la antología, o que al menos no han captado bien la esencia de lo que la ficción climática debería ser. A veces pasan de puntillas por la cuestión climática, o la usan para dar algo de color al cuento en sí, que va de otra cosa en realidad. Y es una pena, porque se trata de un tema muy serio. Por otro lado, algunos de los cortes, demasiado centrados en cumplir con la temática, tienen tendencia al infodumping, a afanarse demasiado en explicar qué ha ocurrido, algo del todo innecesario y que solo entorpece la narración. Ya digo que son cosas que he notado y no es la tónica general, pero son dos aspectos que deslucen un poco una antología, apriori, tan interesante. Para ser justos, también hay que decir que esta contiene elementos de gran valor. Vayamos de uno en uno.

Un vistazo a los relatos

Empezamos por «La fiebre», de David Luna, un viejo conocido de esta web, dos veces nominado a los Premios Guillermo de Baskerville y ganador de unos cuantos más. Este relato, por cierto, ganó precisamente el Domingo de Santos 2016. Aquí, David Luna mantiene ese estilo tan poderoso y sincero al que nos tiene acostumbrados. La acción se desarrolla con ritmo alto, frases fáciles de entender sin renunciar por ello a imágenes impactantes y a su habitual vocabulario rico y preciso. Y aunque es de lo mejor de la antología, es uno de los que entra un poco con calzador en la denominación de ficción climática.

No pronuncia palabra: el cerebro de Pedro la procesa sin más. El chico da un respingo, asustado. La telepatía no forma parte de la naturaleza humana y confunde a cualquiera, máxime si es la primera vez que se experimenta. Su Respiración se acelera y las piernas se le agarrotan, igual que si las rodillas hubieran perdido el juego y los pies se clavasen en el piso para desarrollar kilométricas raíces. «La fiebre», David Luna Lorenzo

El siguiente es «Las algas del olvido», de Dioni Arroyo. Este es el corte que toca más de refilón el tema principal de la antología. Es cierto que los protagonistas colonizan otro mundo a raíz de las consecuencias del cambio climático, pero eso no es más que el arranque de un relato que trata un tema muy distinto. Aquí, el autor plantea una historia que más que un cuento parece una novela en miniatura y no sé si lo mejor sería que, en efecto, escribiera la novela.

El futuro es bosque sigue con «El reverso de la historia», de Carmen Moreno. Aquí nos encontramos con una historia muy curiosa que nos sugiere que existe un mundo paralelo al nuestro donde los protagonistas son los gatos. El enfoque no termina de corresponderse tampoco con la ficción climática propiamente dicha, pero su defensa de la legitimidad del mundo animal en contraposición a la tiranía antibiológica del ser humano, lo salva. Además, es más que original.

Con «Heaven», de Leonardo Ropero, nos encontramos con el primer relato que capta perfecta y genuinamente el sentido primigenio de la antología. A partir de aquí será, al fin, la tónica general. Es un texto duro y tétrico, que encierra una crítica poderosa y muy concreta hacia el ser humano, pero por fin incluye una alternativa a la desgracia. Su estructura es algo más evolucionada y, en global, se trata de una lectura bien llevada y llena de coherencia interna. No en vano, es uno de mis favoritos.

Seguimos con «Ucronía ultravioleta», de Covadonga González-Pola. Un relato bien trabajado, serio, de desarrollo intrincado y complejo —a veces incluso demasiado, llegando a obligar a releer partes—. También reúne esos dos ingredientes que tanto pide este subgénero: la crítica descarnada y la posible solución. Hay esperanza, pese a todo. Si a eso le sumamos que lo aquí contado suena real y que no es nada descabellado, tenemos otro de los relatos más destacados de El futuro es bosque.

«El futuro del viento», de Josué Ramos, también se mantiene crítico con nuestro mundo actual y con la condición humana como la causante de los males que se nos echan encima. Y, una vez más, incluye la esperanza de la posible solución en su mensaje. Bien. Nos recuerda un poco en su planteamiento a clásicos como Fahrenheit 451 o La fuga de Logan, con la ciudad representando lo peor de nuestra sociedad en contraposición al campo y la bondad de la naturaleza.

El siguiente corte, «Vertedero», de Cristina Jurado, en mi opinión es el mejor conseguido de la antología. Rico en elementos, se aprovecha de los tropos que ya existen en este subgénero y en otros más o menos adyacentes como el cyberpunk, para armar una historia potente, sombría, desgarradora y ácida que no por ello deja de ser sagaz y sutil. La acción se desenvuelve plena de ritmo dentro de una amalgama de matices. Y sin caer en el maldito infodumping.

Por primera vez tengo miedo. Noto que algo poderoso y extraño empieza a circular por sus vasos sanguíneos, algo que trae consigo la energía de mil andanadas, algo que no se deja explicar y que me acobarda cuando llega hasta mí. Es un empuje, vectores de fuerza agregados que se retuercen, tracción desatada, fiebre destructora y yo me temo lo peor. «Vertedero», Cristina Jurado.

Cierra la antología «El bosque errante», de la propia antóloga, Giny Valrís. Este corte explica un poco por qué en el libro se habla de ficción climática y no de ciencia ficción climática, ya que la obra de Valrís es de fantasía. Y lo cierto es que choca un poco verla rodeada de tantos relatos de cifi. De cualquier modo, la autora nos regala una historia digna de Estudio Ghibli, llena de elementos mágicos que muestran a la naturaleza como una fuerza poderosa y mística. Su mensaje es de los más verdes de la colección, aunque el futuro que nos planeta no es tan halagüeño. Son dos cosas distintas.

Y hasta el repaso a El futuro es bosque, colección de relatos sobre un tema cada vez más tendencia. Y esperemos que así sea, porque necesario es un rato.

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Foto: Joseph Barrientos. Unsplash