Víctor Blanco: La danza del derviche

La danza del derviche. Libros Prohibidos

vive en una casa cerca de la playa, en un pueblo suburbano a cincuenta minutos del centro
algunos lo consideran un gran lujo; lo paga gracias a un sueldo que se ha ganado con años de formación, y después otra racha de buena actitud laboral

de acuerdo, jefe, lo haremos de esta manera

le gusta la playa en invierno
algún solitario caminante, algún tipo en anorak paseando un perro grande.
pero por lo general no suele tener más compañía que el cielo del invierno, el juego de las olas al formarse y luego volver a romperse
por eso le gusta, por eso
diríase que aquí no hay tiempo, o al contrario, que el tiempo es dueño y señor de este lugar, que no hay forma de inquietarlo con engañosas prisas humanas

pero hay algo que ensombrece esta sensación, este paisaje, igual que una cita con el médico en medio de una espléndida semana, igual que detectar una arruga en la camisa cuando uno ya ha salido de casa

este edificio, su pequeño paraíso, está algo alejado del resto
lo que le lleva a enfrentar no pocas veces el mismo pensamiento: ¿qué pasa si me muero?

no es su vida lo que le preocupa
sino lo que va a dejar atrás, esto es, su cuerpo
cuando ya no esté, su cuerpo será una incómoda cosa
algo sucio y vulgar rompiendo la armonía del lugar, igual que una montaña de platos sin fregar estropearía su cocina de doce mil euros

quién va a venir a retirar mi cuerpo, nadie tiene llaves, cuánto tardará mi putrefacción en alertar a alguien
quién avisará a mi jefe, cuanto costará pagar al cerrajero; esa clase de cosas

pensamientos que suelen acosarle los domingos, cuando todo está perfecto en casa y mira la playa por la ventana
pero también cuando ya se aburre de su propia intimidad y piensa en el lunes con benévola impaciencia
poco después lo olvida, cuando la rueda de los días lo emborracha igual que a un derviche su propia danza

esta semana hay cena de empresa
se siente como alguien sobrio en una fiesta en la que están todos borrachos
solo que no es cuestión de alcohol, sino de personalidad
y como uno no puede beberse las ganas de ser idiota y guay, pues bebe lo único que se puede beber

los cubitos le golpean en los labios y luego rebotan contra el fondo del vaso
la gente se sonríe
se dicen cosas para llenar el vacío de este grupo de personas
se come sin ganas y se bebe sin mesura
después un taxi le lleva a casa

allí está su hogar, su pequeño paraíso levantado con horas de formación, buena actitud y asentimientos de cabeza
ya sé que eres un tipo solitario, pero hay que ir a las cenas de empresa y mostrarse entusiasta, parte del todo, tú ya me entiendes
sí, jefe, lo haré de esta manera

piensa en pasear por la playa, pero le da pereza, ha bebido demasiado
consigue meter la llave porque conoce muy bien ese gesto de entrar en casa, de sentirse a salvo
pero se encuentra mal
tiene arcadas y ganas de vomitar
alguna frase idiota pronunciada en la cena, alguna canción banal le martillea la cabeza
bebe agua y se refresca la cara, pero siente la bilis llamando a su garganta
la toalla en la nuca no es suficiente
todo le da vueltas
así que decide ducharse, se desnuda a trompicones y se mete bajo el chorro de agua caliente
pero cuando todo parece ir bien la cena de empresa emerge como un gran chorro gástrico
asqueado por vomitarse encima, hace una cosa estúpida y vomita hacia arriba

la cena y las copas mezcladas con bilis desandan el camino
sin saber cómo, sin que haya un porqué, tiene los pulmones encharcados de vómito
tose una, dos, tres veces
pero el aire no llega

entonces lo sabe

va a morirse por fin en su casa
el ahogo le estrangula la garganta, el vómito le ha manchado la cara, el pecho, los genitales
su cuerpo rebota contra la bañera

ese cuerpo que pronto será una cosa ajena y fea, una molestia, un problema

a cuántas personas va a incomodar mi muerte, quién avisará a mi jefe, qué costará pagar al cerrajero, cuánto tardará mi putrefacción en alertar a alguien, esa clase de cosas le rondan la cabeza

la respuesta es otro gran chorro y por fin el aire, la vida
llora y ríe
se siente agradecido y estúpido a la vez
se baña de nuevo, después se mete en la cama y por fin descansa.

el domingo lo pasa entre las sábanas, bebiendo un poco de agua de vez en cuando y sin comer nada
el lunes no se siente muy bien, pero vuelve al trabajo, a la danza.

solo que algo ha cambiado
antes de irse, se dirige a recursos humanos y deja el teléfono de sus padres

y a estos, por fin, una copia de las llaves de su casa

Víctor Blanco

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Foto: Jeremy Vessey. Unsplash

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